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El DA2 de Salamanca acoge la exposición ‘Artefactos sonoros’ del artista murciano Eduardo Balanza

‘Artefactos sonoros’ es una exposición antológica que reúne una amplia selección de obras de Eduardo Balanza , un artista que se mueve entre distintos ámbitos de la creación, desde la fotografía hasta la performance.

 exposición 'Artefactos sonoros' El artista murciano Eduardo Balanza expone desde este miércoles sus obras en el centro de arte contemporáneo de Salamanca , con una exposición que lleva por título ‘Artefactos sonoros’ y que ha sido comisariada por Sema D’Acosta. Está integrada por una treintena de piezas que incluyen fotografías, portadas de discos intervenidas, instalaciones, piezas escultóricas en terracota, prototipos de instrumentos, platos pintados y la instalación Deconstructing Harmony (2026), una pieza que se presenta por primera vez en el DA2.

‘Artefactos sonoros’ es una exposición antológica que reúne una amplia selección de obras de Eduardo Balanza , un artista que se mueve entre distintos ámbitos de la creación, desde la fotografía hasta la performance. Siempre en posiciones intermedias, el artista entiende la música como un argumento estético y dispositivo de pensamiento que le sirve como lugar de resistencia desde el que intenta abordar la realidad.

La tesis general de este proyecto sirve para plantear un diagnóstico del presente a través de los restos analógicos de la cultura musical de finales del siglo XX, una revisión sin carácter nostálgico donde estas ruinas recientes sirven para plasmar una compleja problemática en torno a las tensiones entre los antes y el ahora.

Los objetos no son sólo contenedores de memoria, ayudan en la activación de emociones e ideas . ¿Qué ocurre por lo tanto cuando la música se desvincula de sus soportes físicos para convertirse en algo inasible? En un contexto dominado por la velocidad y la inconcreción de lo digital, su trabajo reivindica ralentizar la experiencia de la escucha y descubrir los matices de la percepción.

Esta muestra, que se podrá visitar en las Salas 6 y 7 del DA2 hasta el próximo 4 de octubre , plantea una reflexión sobre la arqueología analógica y los aspectos físicos de los objetos vinculados a la música popular, esa que interiorizamos sin darnos cuenta para acabar determinando la banda sonora de nuestras vidas. Si antes la música permitía crear un espacio propio independiente, ahora el pensamiento está controlado por los algoritmos y la industria, todo parece más homogeneizado. Si los cambios musicales están estrechamente ligados a las transformaciones sociales y la cultura visual de cada momento, ahondar en ese pasado reciente supone intentar comprender qué está ocurriendo en el presente.

La tecnología permitió que, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, la música se convirtiera en una expresión universal. El disco de vinilo primero y, luego, la aparición del casete y los radiocasetes, sirvieron para consolidar una democratización de la escucha y la personalización de las grabaciones. También los sintetizadores fueron esenciales en esa revolución contemporánea. Hace unas décadas, una parte de nuestra identidad se construyó sobre artefactos sonoros que marcarían lo que somos o hemos sido. Hoy, el mundo es otro. La música ya no tiene corporeidad; se ha vuelto algo intangible y, en el siglo XXI, ha tomado otro rumbo como motor de las inquietudes de los jóvenes.

El proyecto cuenta con la colaboración del Instituto de las Industrias Culturales y las Artes de Murcia y del Conservatorio Superior de Música de Castilla y León (COSCYL). Para la inauguración, prevista mañana a las ocho de la tarde, está programada una activación/concierto por parte del artista invitado Pablo Lorenzo García, y Eduardo Balanza.

 exposición 'Artefactos sonoros'

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El artista: Eduardo Balanza

A Eduardo Balanza (Murcia, 1971) le interesa producir lo que él denomina “apropiaciones reflexionadas”, que no intentan representar el mundo, sino situarnos a la vez dentro y fuera de los procesos culturales mediante los cuales visualizamos y construimos nuestras realidades; principalmente, aquellas de las que nos servimos como elementos con los que cimentamos nuestra identidad.

En su trabajo, subyace siempre una reflexión sobre el modo en que nos relacionamos con los paisajes sonoros, naturales o artificiales, y los rituales que se han asociado estrechamente no sólo a las tradiciones y los recuerdos, sino también a los objetos. La tecnología obsoleta, las industrias del entretenimiento, las nuevas tecnologías, el medioambiente o el estudio de la difusión de radio son algunos de sus campos de investigación.

Tomando la música y el sonido como punto de partida, investiga y desarrolla instalaciones, fotografías, performances y esculturas en las que las formas de entretenimiento y la tecnología forman un cuerpo de trabajo basado en los modelos de experiencia colectiva, principalmente concebidos a partir de la música. Su trabajo establece un análisis meditado acerca de los imaginarios sonoros o el papel de los medios en la consolidación de la identidad colectiva. Parte de su obra toma la versatilidad del lenguaje y los rituales sociales como territorio para la creación de interpretaciones orales y radiofónicas, planteando continuamente espacios de conexión entre las artes visuales y sonoras.