Gontrodo Pérez o Petri, como escribían en la época, fue una dama asturiana con la que entró el Emperador en relaciones encontrándose éste en Asturias.

Sepulcro de Gontrodo. Fotografía: Universidad de Oviedo
Para nuestra reflexión de hoy, elegimos esta persona, de nombre tan extraño para nuestros tiempos, no solo para dedicar unas líneas a alguna de las que ocuparon durante un tiempo el corazón y el lecho del emperador de León (en el 900 aniversario de su llegada al trono de León), sino para reivindicar, aunque sea brevemente, a otras mujeres, también especialmente desconocidas, pero que, a no dudar, tuvieron su influencia en el Reino y contribuyeron a extender su nombre y su importancia a lo largo de los siglos XII y XIII.

Gontrodo Petri.
Gontrodo Pérez o Petri, como escribían en la época, fue una dama asturiana con la que entró el Emperador en relaciones encontrándose éste en Asturias para combatir una de las múltiples rebeliones del conde Gonzalo Peláez.
No hay un consenso sobre los orígenes de Gontrodo, y, por lo tanto, los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la nobleza de sus antepasados. La duda está en el hecho de que algunos opinan que estamos ante una familia descendiente de Ordoño Ramírez, el Ciego, hijo del rey Ramiro III de León y de la reina Sancha Gómez, nieto, entonces, de Sancho I de León y de la reina Teresa Ansúrez, así como de Gómez Díaz, conde de Saldaña y miembro del linaje de los Banu Gómez, y la condesa Muniadonna Fernández.

Alfonso VII. Cuadro de la colección de los Reyes de León. Fotografía: Martínezld
Este Ordoño Ramírez, criado, por cierto, en el palacio real, había sido cegado por los partidarios de Bermudo en sus luchas por el control del Reino de León entre los primos Ramiro y Bermudo.

Fotografía: Geni.com
Sin embargo, años más tarde, coincidentes en el monasterio de san Pelayo de Oviedo, las dos madres, Velasquita Ramírez (repudiada por Bermudo II) y Teresa Ansúrez (la reina viuda de Sancho I, el Craso) propiciaron la boda de Ordoño Ramírez y de Cristina Bermúdez, tratando de unir ambas familias a las que su deseo de ocupar el trono de León había enfrentado con terribles consecuencias, incluso para el propio reino.
Lo cierto es que de este matrimonio se dice haber surgido el más importante linaje de Asturias, los Álvarez de las Asturias e incluso los Castro.
Para otros, sin embargo, todo obedece simplemente al hecho de que se habría tratado de dignificar a la dama que había, con su hermosura, conseguido atraer la atención de Alfonso VII, pero que sus padres eran, apenas, producto de una nobleza local.
Su padre era Pedro Díaz del Valle y su madre María Ordóñez, y por lo que hace a los abuelos, habrían sido Diego Gutiérrez y Gotina Pérez. La duda está en lo que se refiere a los maternos y aquí es donde se argumenta que estaríamos ante un Ordoño Álvarez y su mujer, Gontrodo Rodríguez.
Si así fuera, este Ordoño Álvarez habría sido alférez real y tenente de las Torres de León; en ese sentido, sus hermanos también habrían ocupado cargos importantes, como Diego Pérez Obregón, o más adelante, incluso la familia habría tenido un cardenal.
De cualquier modo, la situación que se planteó con la relación del Emperador y Gontrodo ponía a todos los parientes de ésta muy por encima del resto y Alfonso VII era especialmente dadivoso. Al año de comenzar esta relación (1132), Gontrodo tuvo una hija, Urraca, nombre claramente en recuerdo de la primera reina titular leonesa, su madre. En la historia, y sobre todo en las novelas, es conocida como Urraca la Asturiana, o incluso Urraquina.
Esta niña fue educada por la hermana de Alfonso, doña Sancha, en el palacio real, en León, seguramente, intentando hacer de ella una señora del Infantado; mas, de acuerdo con la política de acercamiento a las otras casas reales de la época, casó en León, en los alrededores del 24 de junio de 1144 (apenas tenía 11 años), con el rey de Pamplona (García Ramírez), viudo de Margarita de L’Aigle. El navarro tenía 44 años y falleció seis años más tarde, con lo que Urraca decidió retirarse a su tierra de origen, Asturias, donde su padre le otorgó una serie de funciones próximas a la de gobernadora del territorio.
En 1163 contrajo un segundo matrimonio con Álvaro Rodríguez de Castro, de una gran familia que emparentaba con el tantas veces recordado por los romances, Alvar Fáñez.
A reseñar también que esta pareja protagonizó un intento de secesión de Asturias, en tiempo de Fernando II, tentativa que se frustró, al parecer, por la oposición de Gonzalo, obispo de Oviedo, fiel al soberano leonés.
Del primer matrimonio nació una hija, Sancha de Navarra que matrimonió con Gastón V, conde de Bearne y, fallecido este, casó de nuevo con el conde Pedro Manrique de Lara II señor de Molina y Mesa, XIII vizconde de Narbona y Mayordomo mayor de nuestro Fernando II.
Pero volviendo a doña Gontrodo hay que señalar que poco tiempo después del nacimiento de su hija, fue sustituida en el corazón del rey por otra dama llamada Urraca Fernández de Castro, además de contraer un nuevo matrimonio con Riquilda de Polonia. Este cambio de vida inclinó a doña Gontrodo definitivamente a la vida religiosa a la que se entregó con intensidad. Así, fundó el monasterio de Santa María de la Vega (13 de octubre de 1153) donde profesó como monja y vivió hasta el fin de sus días, negándose, según se cuenta, a ejercer cargo alguno.
Otras donaciones importantes de las que tenemos constancia fueron la villa de Ambás y parte de su heredad de Tejada, así como otra en Entrático, regalo del Emperador, al cenobio de San Vicente al que Gontrodo se sentía especialmente vinculada.
Falleció el 26 de julio de 1186, 33 años después de haber profesado como monja y habiendo sobrevivido al Emperador en 29 años, e incluso, en siete a su hija Urraca.
Fue enterrada en un bello sarcófago, y con un epitafio muy laudatorio, que se conserva en el antiguo claustro del monasterio de San Vicente, hoy sede del Museo Arqueológico del Principado de Asturias.
Texto: Hermenegildo López González





