Versión clásica

Cuatro mujeres leonesas (I parte)

El día 8 de marzo de 1126, apenas con 45 años de edad, en la villa de Saldaña, abandonaba este mundo la gran Urraca I de León, la que tuvo el privilegio de ser la primera reina titular en una nueva Europa que se venía forjando a lo largo de la Edad Media.

urraca I de León

Busto de la Reina Urraca I de León Fotografía: Martínezld

Así comenzaba, hace un par de años, y por estas mismas fechas, una reflexión que, en este diario, escribíamos con motivo del día de la mujer.

Este año, y por idéntica circunstancia, vamos a extender el objetivo de nuestra mirada (así se nos ha demandado), y a lo largo de estas dos semanas, hacia una serie de mujeres de nuestra historia, ejemplo, sin duda, de las que no aparecieron en las crónicas, pero que hacen que nos sintamos orgullosos como pueblo.

¿Cómo no entenderlo así cuando ya los historiadores romanos de las guerras contra cántabros y astures (nuestros ancestros, fundamentalmente) aluden a que las mujeres luchaban como los hombres? ¿Cómo explicar, si no, la fortaleza de ánimo de nuestras mujeres a lo largo de la historia que hasta hicieron cambiar las leyes escritas, a los efectos de recoger unos derechos que la costumbre y la tradición les otorgaban? ¿Dónde encontrar apoyo suficiente para entender que fuera, en los límites de este Reino de León, donde surgieran los avances más significativos en orden a los derechos de protección a la persona, sin distinción de sexo?

Los que hemos tenido la suerte de nacer y vivir, al menos un tiempo, en uno de nuestros pueblos, conocemos la fortaleza de carácter de nuestras abuelas, madres, esposas o hermanas, sostén de sus familias y transmisoras primeras de nuestros modos de ser y sentir, de lo que se denomina, en suma, la identidad a través de la cultura tradicional, entendida esta en la mayor extensión del término. Infinitas gracias por ello y reconocimiento expreso desde estas líneas.

Podríamos seguir recordando también que, para los leoneses, y en especial para las leonesas, el territorio significó siempre algo más que espacio físico, puesto que la tierra es inseparable de las gentes que la habitan, de la forma en que se organizan y de la manera en la que establecen sus relaciones y desarrollan una cultura; es, como acabamos de señalar, lo que hoy llamamos identidad y así podemos sentirlo aún en los límites de lo que fuera el Reino de León.

responso reyes de león 2020

Atributos regios del Reino de León. Corona, cetro y espada. Fotografía: Martínezld

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Pero, en estas fechas y sumándonos a lo que representa el día de la mujer, vamos a permitirnos un pequeño recuerdo, en nombre de todas nuestras mujeres, a las que ocuparon, en un momento concreto, la cima de la pirámide social (no en vano, este Reino de León fue denominado “señorío de mujeres”), prometiendo, en ocasiones sucesivas, extender estas reflexiones hacia otras capas de la sociedad e incluso a tiempos más cercanos que la siempre recurrente Edad Media. En el Reino de León, en el País Leonés, en la Región Leonesa, claro está, hay vida fuera de ese momento de la historia.

batalla de Villadandgos

Recreación de la batalla de Villadangos entre los partidarios de Urraca I y su hijo el futuro Alfonso VII de León y Alfonso I de Aragón. Fotografía: Martínezld

Sin pretender, entonces, agotar el tema en cuestión, hemos elegido varios nombres muy significativos, a nuestro entender, en la historia de nuestro reino.

Comencemos, prescindiendo una vez más de la temporalidad, por nuestra reina Urraca I de León, fallecida precisamente, como hemos señalado más arriba, el 8 de marzo de 1126, de una enfermedad que los médicos denominan “fiebre puerperal “o sepsis puerperal, proceso infeccioso grave que afecta al organismo de la mujer tras un parto o un aborto.

Recordemos que Urraca había tenido dos hijos de su primer marido Raimundo de Borgoña: Sancha y Alfonso, que reinaría después de su madre como Alfonso VII y que se coronaría emperador el día 26 de mayo de 1135.

Alfonso I de Aragón por Pradilla (1879)

Retrato imaginario del rey Alfonso I de Aragón en el Ayuntamiento de Zaragoza. Fotografía: Wikipedia

En una reflexión anterior hablábamos de las relaciones de nuestra reina con Alfonso I de Aragón (matrimonio frustrado y que no dejó descendencia) y de uno de sus compañeros, como diríamos en el lenguaje actual, Gómez González Salvarórez, fallecido en la batalla de Candespina, en 1111. La reina, sin embargo, tuvo otras relaciones, y no solo amorosas. Al parecer, no quería verse sometida a un hombre con los lazos del matrimonio, para mantener ciertas alianzas o evitar enfrentamientos con los otros reinos peninsulares.

Se sabía y se sentía la reina del reino más poderoso y no deseaba pasar a la situación de reina consorte. De ahí que, en muchos casos, le llovieran las críticas de parte de los cronistas, clérigos en su mayor parte, que utilizaban la moralina propia de la Edad Media y que no se ajustaba, en absoluto, a los pensamientos de una mujer como la que estamos glosando.

Mas, como hemos anunciado que hablaríamos de varias reinas, no debemos extendernos más, sabiendo, también, que, sobre la reina Urraca de León, hemos escrito un largo artículo ya aludido e incluso otro posterior y que tendremos que volver a ella en algunas ocasiones aún.

Sancha I de León

Sancha I de León, cuadro de la colección Reyes Leoneses que al parecer se encuentra en Valencia de Don Juan junto con el de su esposo Fernando I. 

Traslademos ahora nuestra reflexión a su abuela paterna Sancha Adefónsiz o Alfónsez, la cual, para muchos, debería ser considerada la primera reina leonesa, pero que no fue coronada, a pesar de ser ella la heredera de los derechos al trono.

Estamos, sin ninguna duda, ante la gran dama del reino, al menos, entre los años 1037 y 1067. Era hija de Alfonso V, el de los Buenos Fueros y de la reina Elvira Menéndez, y hermana de Bermudo III.

Había nacido en 1018, un año después que su hermano Bermudo y, como la mayor parte de las princesas o infantas de la época, estaba destinada a soldar la amistad por medio de un matrimonio impuesto, por razones de Estado (¡cómo nos suena esta frase!), con alguno de los príncipes o reyes de reinos amigos o incluso enemigos potenciales.

La primera parte de su existencia transcurrió en una verdadera suma de tragedias, entre las que destacamos la muerte de su madre Elvira, en 1022, cuando solo contaba 4 años de edad. Apenas seis años más tarde, en agosto de 1028 fallecía su padre en el sitio de Viseu (Portugal), según se recuerda, por no haber hecho caso a su escolta cuando inspeccionaba las murallas de dicha plaza, sin la protección necesaria.

Para tratar de evitar los afanes separatistas reiterados de algunos de los condados del Este del reino, fue prometida al conde de Castilla, el infante García que, para conocer a la novia, se acercó a León. Allí sería asesinado, supuestamente, por la familia de los Vela, aunque se sigue señalando que los verdaderos interesados en su muerte eran los reyes de Pamplona… Los hechos ocurrieron cerca de la iglesia de San Juan y San Pelayo, futura Basílica de San Isidoro, en 1029, por lo tanto, cuando tenía 11 años.

Posteriormente será casada con Fernando Sánchez, hijo del rey de Pamplona, Sancho Garcés III, el Mayor, que se había hecho con el condado de Castilla por ser sobrino del conde asesinado. Más tarde, tuvo que vivir el triste acontecimiento de la muerte de su hermano Bermudo III, en la batalla de Tamarón, en el año 1037, en lucha, precisamente, con su esposo que pretendía seguir la política de los condes de Castilla, siempre díscolos, cuando no abiertamente traidores a su señor natural, el rey de León.

Sancha I de León y su esposo Fernando I

El matrimonio real: La Reina Sancha I de León y su esposo Fernando I.

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Sancha será la que, después de un año de rechazo de los leoneses a su marido (ni siquiera le permitían entrar en la ciudad), a quien acusaban de la muerte de su rey Bermudo, conseguirá que sea aceptado y se corone rey de León. El proceso posterior será denominado por algunos historiadores como la leonesización de Fernando.

En rápido resumen de sus realizaciones a la cabeza del reino no deberíamos olvidar que ella fue la que impulsó la construcción de la Basílica del Santo Isidoro, tras haber conseguido traer sus restos desde Sevilla a León.

castillo de valencia de don juan

En el 1055 se celebra en Valencia de Don Juan el Concilio de Coyanza. Fotografía: Martínezld

También la imaginamos intervenir personalmente en el llamado Concilio de Coyanza (Valencia de don Juan), donde tenía ella misma unas posesiones. En dicho concilio, celebrado en 1055, se establecieron algunas reformas en lo referido al culto (el romano que va a ir sustituyendo poco a poco al hispano-mozárabe, además de la obligatoriedad de que los monasterios se acogieran a la regla de San Benito), pero también, y especialmente, se llevaron a cabo reformas en lo referido a las leyes y a algunos aspectos sobre la propia curia regia y sus participantes. Se estaba gestando, probablemente, y abundando en lo propuesto en el Fuero de León, lo que ocurriría más tarde en tiempos de Alfonso IX con la presencia de los hombres del común en dichas Cortes.

Pórtilla de la Lealtad, lugar por dónde entró Bellido Dolfos en una audaz acción de guerra tras ejecutar al rey castellano que pretendía usurpar el trono a su Señora Urraca. Fotografía: Martínezld

A la muerte de su marido Fernando, ocurrida el día 27 de diciembre de 1065, y tras la desgraciada idea de la partición del reino, según algunos argumentan, basándose en el derecho o la tradición navarra, solo ella fue capaz de mantener a sus hijos en paz, pues en cuanto se produjo su óbito, las espadas que habían permanecido afiladas, entraron rápidamente en acción, desencadenándose la guerra entre ellos hasta que Alfonso VI conseguiría reunir de nuevo los territorios de sus padres tras la gesta de Bellido Dolfos en el cerco de Zamora.

Puerta de Doña Urraca en la Ciudad de Zamora Fotografía: Martínezld

Los últimos años de Doña Sancha transcurrieron en su retiro de San Isidoro, en la zona denominada aún monasterio de San Pelayo, como abadesa seglar. Allí moriría el 3 de noviembre de 1067 dejando un recuerdo imperecedero para la historia del reino y cinco hijos: Doña Urraca, la señora de Zamora, Sancho, el primer y efímero rey de Castilla, Elvira, la señora de Toro, Alfonso, que reinará como Alfonso VI y García, breve rey de Galicia.

  • Textos: Hermenegildo López
  • Fotografías: Martínezld

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