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De cero a cincuenta mil visitas anuales: El Milagro del Monasterio de Rioseco en Burgos

Un sacerdote rescata un convento medieval que atrae a miles de voluntarios y visitantes.

MONASTERIO DE RIOSECO

Fotografía: Lista Roja del Patrimonio

MONASTERIO DE RIOSECO

Fotografía: Lista Roja del Patrimonio

Madrid, 18 de diciembre de 2022- Cuando Juan Miguel Gutiérrez llegó en 2006 al Valle de Manzanedo (Burgos) como nuevo párroco, no podía sospechar el vuelco que iba a dar su vida. Parecía un destino sencillo y tranquilo, responsabilizándose de las parroquias de 16 pueblos que, entre todos, no sumaban más de 120 habitantes. “También hay un monasterio”, le dijeron los vecinos. Le costó encontrarlo: estaba completamente tomado por la maleza y abandonado desde

que Mendizábal decretara en 1835 la expulsión de los monjes cistercienses que habían vivido en el lugar desde el siglo XIII. “Había muchos vecinos que ni siquiera habían oído hablar de él”, asegura el sacerdote.

MONASTERIO DE RIOSECO

Fotografía: Creo TV

El panorama que se encontró en el monasterio de Santa María de Rioseco (Burgos) era verdaderamente desolador: casi todas las bóvedas, salvo las de la iglesia, se habían hundido. El claustro había sido expoliado y muchas de sus piedras habían desaparecido víctimas del vandalismo y el saqueo. Pero eso no arredró a Juan Miguel, que logró reunir un puñado de voluntarios de sus pueblos para empezar a desbrozar el cenobio. Después vinieron más y más voluntarios, y fue posible poner en marcha unas semanas de voluntariado durante los veranos. Hasta ese rincón de la España abandonada comenzaron a llegar cientos de jóvenes y no tan jóvenes no solo de España, sino de varios países del mundo con el deseo de echar una mano en la rehabilitación del monasterio. “Se alojan en las casas de la gente de los pueblos y los propios vecinos preparan la comida para que no les falte de nada a los voluntarios”, explica Juan Miguel.

En una entrevista que acaba de aparecer en el canal de YouTube “Creo TV”. el sacerdote burgalés explica que el monasterio fue construido a partir del siglo XIII en la ribera del río Ebro y en él permanecieron los monjes del Císter hasta el siglo XIX, cuando empezó su decadencia. Incluso algunas estatuas de santos se utilizaron para el relleno de la presa que hay cercana.

Ahora, gracias al trabajo de los cientos de los voluntarios que han pasado por el cenobio durante estos 15 años, Rioseco ha ido recuperando la serena grandiosidad de aquel lugar que antaño estuvo consagrado a la vida de oración y alabanza. Según el contador de visitas del que disponen en la entrada digital, se encuentran muy cerca de llegar a los 50.000 visitantes antes de que acabe 2022.

Esta afluencia de público ha permitido la contratación de una persona a tiempo completo en el monasterio y aspiran a convertirse en un motor de dinamización turística de la zona.

El Monasterio de Santa Marí­a de Rioseco

Su primer establecimiento fue en Quintanajuar, entre Cernégula y Masa. En 1135, el Rey leonés Alfonso VII, el Emperador, entregó el monasterio de Quintanajuar al monje Cristóbal, sobre el que los estudiosos no se ponen de acuerdo en si era ya un monje del Cister.

MONASTERIO DE RIOSECO

Fotografía: Lista Roja del Patrimonio

MONASTERIO DE RIOSECO

Fotografía: Lista Roja del Patrimonio

El rey Alfonso VIII deseando pacificar la frontera de Castilla con Navarra, ofrece donaciones a los monjes de Quintanajuar si se trasladan a San Cipriano Montes de Oca en La Rioja, lugar al que van en 1184. Montes de Oca no les gusta, por lo que en los años siguientes fueron adquiriendo -bien mediante donaciones o mediante compras- terrenos en el Valle de Manzanedo. En 1204 los monjes se mudan a Rioseco, sin comunicárselo al Capítulo General de la Orden y con el desagrado del rey. Por esta decisión el abad fue destituido. No se ubicaron en la actual localización sino junto a un arroyo que nace en Fuente Humorera. En 1221, la comunidad compró a los Velasco, señores de Medina de Pomar, un extenso solar donde ubicaron en 1236 el nuevo y definitivo monasterio.

En el siglo XIV, Rioseco formaría uno de los más potentes patrimonios económicos de los cistercienses castellanos. Seguirían años de penuria y crisis a mediados del s. XV y años de crecimiento como en el s. XVII. Desde 1808 a 1809 los invasores franceses embargaron buena parte de los granos almacenados y desde este último año hasta el 29 de junio de 1814, los monjes tuvieron que exclaustrarse. Con la vuelta de Fernando VII a España pudieron regresar a Rioseco. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) de nuevo fueron exclaustrados. El 29 de octubre de 1820, «los comisarios del gobierno revolucionario tomaron posesión de este monasterio».

En pública subasta celebrada en Villarcayo, serían vendidos buena parte de sus bienes.  Tras el fin de la revuelta liberal, una nueva orden de Fernando VII  les devolverá el monasterio a los monjes. En 1835 la ley desamortizadora de Mendizábal puso fin a la vida monástica en Rioseco. El 6 de noviembre de 1835 se procedió a la subasta del monasterio que quedó desierta. El monasterio fue abandonado. En parte se aprovechó por la gente del lugar como almacén, parroquia y cementerio.

En 1855, a falta de licitantes, Francisco Arquiaga, comisario provincial de la subasta, adquirió aquella belleza inútil y desolada. Arquiaga cedió el templo para el culto al arzobispado de Burgos. Estaba magníficamente equipado: retablos, cuadros, órgano, pila bautismal, etc.

Su nieta Margarita Arquiaga lo donó a dicho arzobispado. Ya estaba en muy malas condiciones. Desde ese momento aumentó el expolio, el saqueo y la degradación. Sirva el dato de que algunas de las estatuas de santos de la orden que coronaban una de las paredes se utilizaron de relleno cuando se construyó la cercana presa del Ebro.

Descripción del Monasterio

Se encuentra situado al comienzo del valle de Manzanedo, en una altura que domina al Ebro. El monasterio tiene tres etapas constructivas bien diferenciadas.

Período de creación, o cisterciense: Se sitúa entre los siglos XIII-XIV. De esta época es la iglesia del monasterio. En este primer momento existió un claustro y una sala capitular diferentes a las que conocemos hoy en día.

Periodo renacentista: Siglo XVI. Fue un periodo de florecimiento económico del monasterio por lo que se emprendió un importante número de obras. Entre ellas el comienzo de la sala capitular y alguna otra dependencia, así como la contratación de la obra del claustro y sus trazas con Juan de Naveda.

Periodo barroco: Siglos XVII y XVIII. Se construyó el claustro que hoy subsiste y buena parte de las dependencias.

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