La Revuelta Irmandiña fue una revuelta social que tuvo lugar en Galicia entre 1467 y 1469. Tras destruir más de 140 castillos en Galicia, avanzan hacia El Bierzo, haciendo retroceder a la nobleza gallega hasta la fortaleza de Ponferrada

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La denominación “irmandiños” tiene sus orígenes literarios e historiográficos en el galleguismo de principios del siglo XX, que tradujo “hermandinos” por “irmandiños”, con unas connotaciones de proximidad y afectivas que no tiene en castellano. La documentación coetánea y la tradición favorable ulterior los identifica más bien por la institución,“Santa Irmandade do Reino de Galicia”, y describe sus componentes generalmente como “pueblos y gente común”, y en algún caso con palabras como “hermanos”. Benito Vicetto los llamó “los hermanos de Galicia” en la novela Los Hidalgos de Monforte (1856), de donde salió con toda probabilidad el nombre de las Irmandades da Fala (1916). En la tradición contraria nobiliaria los vasallos rebeldes son descalificados:“villanos”,“gente vil”,“chusma”; muy por debajo de la sutileza del imaginario sagaz de algunos contrarios populares

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La Revuelta Irmandiña
La Revuelta Irmandiña fue una revuelta social que tuvo lugar en Galicia entre 1467 y 1469. Comenzó en la primavera de 1467 en Galicia, en una situación de conflicto social (hambre, epidemias y abusos por parte de la nobleza) y político (guerra civil en Castilla). A Santa Irmandade («La Santa Hermandad»), surgida y justificada por tal situación, se tornó en una revuelta como reacción a un sentimiento acumulado de agravio por los males y daños que el pueblo recibía de los nobles de las fortalezas.
Con la unión dinástica entre los reinos de León y Castilla en 1230, Galicia se convirtió en una región dependiente de la Corona de Castilla. El gran peso rural en la estructura económica y la enorme influencia nobiliaria, tanto laica como eclesiástica, convirtieron a Galicia en una importante parte de la Corona. El gran poder del clero y la nobleza en ella supusieron una gran molestia para la Corona. Esta nobleza (los Osorio en Monforte de Lemos y Sarria, los Andrade en Puentedeume, los Moscoso en Vimianzo, los Sarmiento, los Ulloa, los Sotomayor, etc.) cometía numerosos abusos que iban desde el patrocinio del bandolerismo señorial hasta el incremento desorbitado de la presión fiscal. El campesinado fue la víctima más acusada de los abusos señoriales y, por tanto, protagonizó diversas revueltas contra la nobleza. Las más importantes fueron la Irmandade Fusquenlla, en contra sobre todo de los señores episcopales, y la Gran Guerra Irmandiña.

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
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La Gran Guerra Irmandiña
La Gran Guerra Irmandiña fue una revuelta social que tuvo lugar en Galicia entre 1467 y 1469, fue posiblemente la mayor revuelta europea de todo el siglo XV. Comenzó en primavera de 1467 en Galicia, en una situación de conflicto social (hambre, epidemias y abusos por parte de la nobleza gallega) y político (guerra civil en Castilla). La Santa Hermandad, surgida y justificada por tal situación, se tornó en una revuelta cómo reacción a un sentimiento acumulado de agravio por los males y daños que el pueblo recibía de los nobles de las fortalezas.

Torre de San Sadurniño. Cambados (Pontevedra). Fotografía: Wikipedia/Jose Antonio Gil Martínez
La gran guerra irmandiña de 1467 estuvo precedida de múltiples revueltas en ciertas zonas y localidades. Según algunos historiadores, como el profesor Barros Guimeráns, la primera revuelta organizada cómo Hermandad en la Baja Edad Media gallega es la de 1418-1422 en Santiago de Compostela.

Pontedeume. Torreón de Andrade. Fotografía: Wikipedia/Kullman
La Hermandad Fusquenlla tuvo lugar en 1431, con Roi Xordo al frente, en las tierras de los Andrade. Surgió más tarde, en 1451, la «primera hermandad» en las rías de Pontevedra y Arosa. Después surgieron las hermandades de La Coruña y Betanzos, seguidas de las de Santiago de Compostela, Muros y Noya de 1458.
El interclasismo del seno de la Hermandad (nobleza alta y baja, clero, burgueses y campesinos) no permitió posiblemente mantener su unidad después del triunfo. En 1469 las diferencias entre los miembros de las diferentes juntas, entre algunas de ellas y entre los diversos grupos sociales integrados en ellas, se tradujeron en claras confrontaciones. En todo caso, el desenlace final de la revuelta irmandiña fue debido principalmente a circunstancias externas a Galicia. Básicamente influyeron dos hechos que tuvieron lugar en la segunda mitad de 1468: el fallecimiento del infante Alfonso, y la reconciliación de Enrique IV con la nobleza opositora mediante el pacto de los toros de Guisando, por el que Enrique reconocía como heredera del trono a su hermana Isabel de Castilla.

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
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Estallido de la revuelta
En los principios de la primavera de 1467 llegó la revuelta general, cuando las Juntas de las Hermandades, organizadas en todas las comarcas gallegas, lanzaron la consigna contra las fortalezcas, símbolo del acoso señorial.

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
Las columnas irmandiñas, que una testigo del pleito Tabera – Fonseca cifra en ochenta mil omes, comenzaron a recorrer las comarcas, y con la fuerza de su número y el auxilio de impuestos, bombardas y otras armas, acabaron rindiendo la gran mayoría de los castillos y fortificaciones gallegas.

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
La revuelta estaba encabezada por figuras relevantes, incluidos caballeros e hidalgos, mismo parte de la aristocracia urbana. Entre ellos destacaron desde el principio Afonso de Lanzós, que luchó en la zona de Betanzos y en el obispado de Mondoñedo, Pedro Osorio en el área de Compostela, y Diego de Lemos, en el sur de Lugo y en Orense, y Lopo Marino de Lobeira. Como fecha simbólica, el 25 de abril de 1467 fue arrasada la primera fortificación, el Castillo Ramiro, cerca de Orense. La sorpresa del ataque fue decisiva en el triunfo irmandiño, así como el total abandono de los vasallos a los señores y, por tanto la falta de apoyo de estos para defenderse, volviéndose vanas las tentativas de la nobleza por resistir. Así, Lope García de Betanzos declara «pues toda lana gente de él te lo dice reino andaba en favor de lana te la dice hermandad y hera contra ellos y ellos en el tenían favor ninguno, porque sus mismos basallos eran contra sus señores…».
La mayoría de los nobles intentó huir de Galicia: Sancho de Ulloa y Diego de Andrade partieron para Castilla (si bien fueron interceptados por los combatientes de la condesa de Ribadavia, quien los encarceló durante dos años). El arzobispo Fonseca, que se hallaba en su destierro de Redondela, huyó también, primero para Castilla, y más tarde para Portugal. Para Portugal huyeron también otros como Juan de Zúñiga, Pedro Álvarez de Soutomaior o Juan de Pimentel. Algunos intentaron resistir, como Álvar Páez de Soutomaior, que se hizo fuerte en Tuy hasta que, poco antes de su muerte repentina, rindió la ciudad a los cinco mil irmandiños que la asediaban, como el conde de Lemos, que había salido victorioso en el principio, mas tuvo finalmente que huir para su castillo de Ponferrada; allí se refugió también su yerno, Pardo de Cela. Otros permanecieron escondidos por tierras gallegas, como Suero Gómez de Soutomaior, pariente de Álvar Páez. Gómez Pérez de las Mariñas encontró refugio en el monasterio de Samos, donde también se resguardó Alonso Osorio, heredero de la casa de Lemos. La fuga del conde de Lemos, la derrota del señor más poderoso de Galicia, simboliza la derrota de los señores «porque pues él conde de Lemos en el podiera defender lanas suias [las fortalezas] y se fuera para Castilla que menos lo podieran azer los otros«.
La importancia de la fuga de Lemos es recogida también por los cronistas: «En corto tiempo los gallegos en el sólo arrancaron de lanas selvas a los facinerosos y los arrastraron al patíbulo, sino que se apoderaron de fortalezas tenidas por inexpugnables, y al conde de Lemos, él más poderoso de los Grandes de lana provincia, obligáronlo a huir y lee persiguieron asta él exterminio».

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
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Victoria y reconocimiento de la revuelta
La victoria irmandiña fue rápida y completa. Los autores más próximos a estos acontecimientos relatan la lista de castillos, fortificaciones, simples torres o casas fuertes que fueron total o parcialmente derribadas. Su número, segundo calcula Lojo Piñeiro, puede llegar a 169. Se desconocen cuantas fortificaciones fueron entregadas pacíficamente a la Hermandad y cuantas debieron ser tomadas por la fuerza. En las declaraciones del pleito Tabera – Fonseca se indica que los irmandiños arrasaron mismo fortificaciones de caballeros participantes o simpatizantes de la Hermandad, y no solo fortificaciones de los señores, sino también casas-fuertes de fidalgos.
Destaca la aparente resolución irmandiña de no se vengarse con los señores derrotados y forajidos, algunos de ellos escondidos en monasterios y casas de antiguos vasallos.

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
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El contraataque de los Señores
Esta situación provocó que los señores gallegos prepararan su retorno, reorganizándose y procurando apoyos. Así, según Vasco de Aponte, en primavera de 1469 Pedro Álvarez de Soutomaior se reunió en Monção con el arzobispo Fonseca y con Juan Pimentel, acordando reunir sus tropas en las cercanías de Santiago de Compostela.

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
El acuerdo se llevó a cabo y, después de llegar estos bajo las órdenes de Soutomaior, que había entrado por Portugal al frente de 100 lanzas y unos 2000 peones (en su camino, junto al castro de la Framela, tuvo que hacer frente a cuatro o cinco mil villanos y, después de vencerlos, sorteó la ciudad de Pontevedra, donde se encontraban los irmandiños al mando de Lope Pérez Marino, hijo de Paio Marino de Lobera).[26]

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
El ejército de Fonseca, Pimentel y Soutomaior, con un total de trescientas lanzas, entre castellanos, portugueses y gallegos, venció en la batalla de Balmalige (lugar aún indeterminado que aparece en la documentación del Pleito Tabera – Fonseca) posiblemente en el entorno del monte Almáciga a diez mil irmandiños comandos por Pedro Osorio. Esta victoria resultó al cabo decisiva, pues dos meses más tarde, en julio de 1469, la ciudad de Santiago se vio obligada a abrir las puertas al arzobispo «y después se conçertara con lana te la dice ciudad y lees juró sus costumbres y prebillegios de se los guardar y se lee había entregado lana te la dice ciudad».
Se unieron a este ejército las tropas de Fernán Pérez de Andrade, Sancho Sánchez de Ulloa, Lope Pérez de Moscoso y Gómez Pérez de las Mariñas. Entonces, desde Santiago de Compostela, se encaminaron hacia los dominios de Andrade. En el castro Gundián, se encontraron con un ejército irmandiño mandado por Afonso de Lanzós, que esperaba los refuerzos de Diego de Lemos. Mas la batalla comenzó sin llegar los refuerzos, y Alonso, luego de un breve parlamento con Pedro Álvarez de Soutomaior, optó por la retirada. La llegada posterior de los refuerzos, al mando de Diego de Lemos ya no tuvo consecuencias. Luego de esta nueva derrota, los señores liquidaron la resistencia irmandiña en aquella zona, aunque Pontedeume no fue entregada al de Andrade, sino al arzobispo, por decisión de Afonso de Lanzós, mortal enemigo del primero.
El conde de Lemos regresaba también a Galicia por El Bierzo, resistiendo a los irmandiños, capitaneados por el fidalgo berciense Álvaro Sánchez (al que después mandó matar con una saeta) y a las gentes de Álvaro Pérez Osorio, conde de Trastámara y ahora marqués de Astorga, que había apoyado la sublevación.Con el conde de Lemos parece que retornaron también Pedro Pardo de Cela, con Pedro Miranda, Pedro Bolaño y otros como Alonso López de Lemos, padre de Diego de Lemos. Los primeros, al parecer, atacaron los núcleos irmandiños de Lugo y su comarca; el último, por su parte, lo hizo contra los que ocupaban las tierras de Lemos, a los que parece que venció en la parroquia de Vilamelle, junto a Ferreira de Pantón, apoderándose de la villa de Monforte.
Sin embargo, los éxitos en campo abierto de la caballería feudal no existieron en el caso de las ciudades amuralladas, lo que obligó a los señores más importantes a pactar, ayudados después por algunos irmandiños, sin solución de continuidad, a combatir a los nuevos enemigos compartidos. Primero pactó el arzobispo Fonseca con Santiago de Compostela, Pontevedra y demás villas de la Terra de Santiago, y después el conde de Lemos con Orense y Allariz (contra el conde de Benavente).
El pacto de Fonseca con las ciudades irmandiñas de la Terra de Santiago es hecho sobre la base de que Fonseca respetara los usos y costumbres urbanas y el acuerdo de no reedificar las fortificaciones que le habían sido derribadas, lo que se reflejó más de medio siglo después en el pleito Tabera – Fonseca.
Aún durante los años 1470 y 1471 resistían las ciudades de La Coruña, Puentedeume, Vivero, Ribadavia, Lugo y Mondoñedo. En cualquier caso, en poco tiempo la mayor parte de la Hermandad fue derrotada, recuperando los grandes señores gallegos el control de sus antiguos dominios.

Recreación revuelta Irmandiña. Fotografía: Martínezld
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Los Irmandiños en El Bierzo
La Revuelta Irmandiña fue una revuelta social que tuvo lugar en Galicia entre 1467 y 1469. Comenzó en la primavera de 1467 en Galicia, en una situación de conflicto social (hambre, epidemias y abusos por parte de la nobleza) y político (guerra civil en Castilla). A Santa Irmandade («La Santa Hermandad»), surgida y justificada por tal situación, se tornó en una revuelta como reacción a un sentimiento acumulado de agravio por los males y daños que el pueblo recibía de los nobles de las fortalezas.
En el año de 1467, en el marco de las hostilidades entre Enrique IV y Alfonso XII por la sucesión de Castilla, Enrique firma un documento el 6 de julio de 1467 en el que permite la creación de la Santa Irmandade do Regno de Galicia y la destrucción de los castillos de la nobleza que apoyaba a su hermano Alfonso.
Dicha Irmandade está formada por campesinos, burgueses y miembros de la baja nobleza que, cansados de los desmanes de la alta nobleza, se levantan en armas contra ellos.
Tras destruir más de 140 castillos en Galicia, avanzan hacia El Bierzo, haciendo retroceder a la nobleza gallega hasta la fortaleza de Ponferrada, que también pertenece a Don Pedro Álvarez de Osorio, conde de Lemos.
Las primeras fortalezas bercianas (Balboa, Cornatel, Sarracín y Corullón) son arrasadas y, finalmente, es en la de Ponferrada en la que, con ayuda del Conde Don Álvaro de Trastámara, que hasta aquel momento había apoyado a los Irmandiños, se pone freno a la revuelta Irmandiña.
Apenas dos años después los Irmandiños sufren su mayor derrota en Santiago de Compostela a manos de tres ejércitos, uno de ellos perteneciente a El Bierzo.
Entre otros castigos, son los propios Irmandiños los que tendrán que volver a reconstruir algunas de las fortalezas destruidas.
Descárgate O que sabemos dos Irmandiños_Carlos Barros





