La sexta edición de León es Acción volvió a repartir garage, psicodelia, pop, cultura scooter y sesiones de DJ por varios espacios de León, con Hummo, Plastic Family, Vinícius e seu Conjunto Selvagem, Jesucritler, Esperanto, Fast Kids y Mohama Saz como protagonistas.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
León es Acción cerró su edición de 2026 con la sensación de haber vuelto a cumplir aquello que mejor define al proyecto Lexploitation, montar un festival con personalidad, escala humana y una programación que no se limita a colocar nombres en un cartel, sino que propone una forma concreta de vivir la música en la ciudad. Durante tres días, del 28 al 30 de mayo, la cita impulsada por la Asociación Cultural León Ciudad Púrpura volvió a mover al público entre el Babylon, el entorno de Santo Martino, Espacio Vías, Nuevo Café Luna y El Gran Café, con conciertos, pinchadas, mercadillo, scooters clásicas y una vida social que acabó siendo casi tan importante como los propios directos.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
La edición llegó marcada por el cambio de fechas al mes de mayo y por un cartel que combinaba escena local, bandas estatales e invitados internacionales. Hummo, Plastic Family, Vinícius e seu Conjunto Selvagem, Jesucritler, Esperanto, Fast Kids y Mohama Saz. Sobre el papel ya era una programación coherente con el ADN del festival. Garage, psicodelia, pop de guitarras, beat, tropicalismo, power pop y cultura mod orbitando alrededor de una idea clara de comunidad musical. En la práctica, el resultado fue una edición tranquila, bien organizada y sin incidentes, con público atento, buen ambiente y una respuesta que fue creciendo conforme avanzaban las jornadas.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Hummo abrió el festival con solvencia en Babylon
El arranque del jueves en Babylon León tuvo ese punto de toma de contacto que suelen tener las primeras noches de festival. Público fiel, ganas de reencontrarse y una sala que permite medir muy bien a una banda cuando el sonido acompaña. Hummo respondieron con un concierto firme, bien empastado y con una presencia escénica que encajó perfectamente en el espíritu de León es Acción.
La banda leonesa asumió el papel de abrir la edición sin que aquello sonara a trámite. Su propuesta, asentada en el rock clásico de alta calidad, funcionó especialmente bien en una sala donde los matices se percibieron con claridad. Fue un inicio cómodo y con buena respuesta del público, de esos que colocan al festival en marcha sin necesidad de grandes discursos.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
El viernes sacó el festival a la calle
La segunda jornada llevó a León es Acción al exterior, y ahí el festival encontró una de sus mejores imágenes del fin de semana. El buen tiempo convirtió la tarde-noche del viernes en una invitación a salir, encontrarse y dejar que la música tomara el espacio urbano. La zona de Santo Martino y Plaza Puerta Castillo presentó un ambiente muy animado, con la gente en la calle, conversaciones cruzadas, curiosos acercándose y una sensación de ciudad abierta a lo que estaba pasando.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Plastic Family fueron los protagonistas musicales de la jornada gratuita. La formación neerlandesa, que llegaba como una de las apuestas internacionales más luminosas del cartel, dejó un concierto ágil, melódico y muy agradecido para ese formato al aire libre. Su pop guitarrero, con nervio juvenil, conectó bien con una tarde que acompañaba en todos los sentidos. Sin forzar la maquinaria, el grupo aportó frescura y ayudó a que la programación del viernes no se percibiera como un simple aperitivo, sino como una parte esencial del recorrido del festival.
La noche continuó después en El Gran Café, donde las sesiones de DJ prolongaron el pulso del festival hasta la madrugada. En León es Acción las pinchadas no funcionan como relleno entre conciertos, sino como una extensión natural del programa. Soul, beat, garage, rhythm and blues, punk, freakbeat, pop psicodélico y rarezas de vinilo terminaron de dar forma a una jornada con muy buena temperatura, en lo meteorológico y en lo musical.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
El sábado empezó condicionado por el calor
La jornada grande del sábado en Espacio Vías tuvo dos partes claramente diferenciadas. Durante las primeras horas, el calor condicionó la asistencia y rebajó la afluencia en las actividades matinales. La Lex Run, la exhibición de scooters clásicas y el concierto de Vinícius e seu Conjunto Selvagem acusaron unas condiciones poco amables para permanecer al sol, y eso se notó en una plaza menos concurrida de lo esperado. Aun así, la programación mantuvo el tipo. La cultura scooter volvió a aportar una de las señas de identidad del festival, con Vespas y Lambrettas como parte de un imaginario que Lexploitation lleva años trabajando sin caer en el decorado vacío.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
En cuanto a Vinícius e seu Conjunto Selvagem, su mezcla de raíz brasileña, garage, Jovem Guarda y psicodelia tropical habría merecido una mayor presencia de público desde el primer minuto, pero el concierto dejó buenas sensaciones entre quienes se acercaron pese al calor. Con el avance de la tarde y la caída del sol, el festival fue recuperando pulso. La gente comenzó a llegar de forma más constante, el ambiente se hizo más cómodo y la plaza de Espacio Vías pasó de la resistencia térmica al disfrute colectivo. Ese cambio de ritmo fue una de las claves del sábado. León es Acción no explotó de golpe, sino que fue creciendo hasta encontrar su temperatura ideal cuando el día empezó a dar tregua.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Espacio Vías volvió a demostrar por qué es una sala fundamental en León
Una de las grandes noticias del sábado fue, de nuevo, el sonido. Espacio Vías confirmó su condición de sala imprescindible en León para conciertos de este perfil. Volumen generoso, claridad instrumental, pegada suficiente y una mezcla que permitió que cada banda sonara con personalidad propia. En un cartel tan variado, ese detalle no es menor. La sala respondió con solvencia durante toda la jornada, a pesar del calor acumulado en su interior.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Jesucritler abrieron el tramo de tarde con un concierto intenso, de tensión creciente, apoyado en la distorsión y en esa forma de entender el garage psicodélico como un organismo que avanza a base de repetición, electricidad y empuje. La representación leonesa del cartel volvió a estar a la altura, reforzando una de las ideas más saludables del festival. Lo local no aparece como cuota, sino como parte natural del discurso.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Después llegó Esperanto, proyecto madrileño con músicos de amplio recorrido en la escena psicodélica estatal. Su actuación aportó un punto más expansivo, con desarrollos que respiraron mejor en interior y que agradecieron el buen sonido de la sala. Fue uno de esos conciertos que no buscan el impacto inmediato, sino construir una atmósfera poco a poco, sumando capas y dejando que el público entre en su propio lenguaje.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Fast Kids y Mohama Saz elevaron el cierre de los conciertos
El tramo final del sábado estuvo marcado por dos propuestas muy distintas, pero igualmente efectivas. Fast Kids aportaron energía, melodía y nervio de guitarras desde una lectura directa del power pop y el rock de alta combustión. Su concierto tuvo velocidad, canciones cortas, actitud y ese punto de urgencia que funciona especialmente bien cuando el público ya ha entrado de lleno en la noche. No necesitaron adornos, bastó con tocar con convicción y mantener el ritmo arriba.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Mohama Saz, encargados de cerrar la programación en Espacio Vías, jugaron en otro terreno. La banda madrileña volvió a desplegar su mezcla de psicodelia, pulsión mediterránea, ecos orientales y rock hipnótico con una autoridad escénica que explica por qué se han convertido en uno de los nombres más reconocibles del underground estatal. Su directo tuvo peso, trance y una identidad difícil de confundir. En una edición muy abierta estilísticamente, su concierto funcionó como cierre natural, denso, magnético y con capacidad para llevar al público a otro lugar sin perder pegada.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Mercadillo, vinilos y una plaza que respiró cuando se fue el sol
Más allá de los conciertos, León es Acción volvió a cuidar todo lo que sucede alrededor. El mercadillo instalado en Espacio Vías reunió discos, ropa, diseño, literatura musical y material de coleccionismo, reforzando esa idea de festival pequeño pero con universo propio. No se trataba solo de comprar o curiosear, sino de encontrarse con gente que comparte códigos, gustos y una manera parecida de entender la cultura musical.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
La plaza de Espacio Vías fue ganando vida conforme el calor dejó de apretar. Cuando el sol empezó a retirarse, el público se asentó con más comodidad, las conversaciones se alargaron y el ambiente encontró el tono que mejor le sienta a León es Acción, cercano, distendido, atento y sin estridencias. El comportamiento del público fue ejemplar durante toda la jornada y con una convivencia fluida entre asistentes habituales, visitantes, familias, curiosos y gente llegada de otras ciudades.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
El Gran Café puso el broche nocturno
Como ya es tradición en el ecosistema Lexploitation, la fiesta no terminó con el último acorde en Espacio Vías. El Gran Café recibió a un público numeroso para las pinchadas de la noche, hasta el punto de presentar un ambiente abarrotado. Allí el festival cambió de escenario pero no de espíritu. Vinilos, baile, cultura de club y una selección musical pensada para mantener el cuerpo en movimiento sin rebajar el criterio.
Ese cierre volvió a demostrar que León es Acción no se entiende del todo si se mira solo como una suma de conciertos. Su fuerza está en la circulación entre espacios, en las conversaciones que se dan entre una actuación y otra, en la mezcla de generaciones, en la reivindicación del vinilo, en el orgullo por las salas de la ciudad y en la capacidad de convocar a una comunidad que sabe perfectamente a qué viene.

Fotografía: Juanje de la Iglesia
Una edición con identidad reforzada
León es Acción 2026 no necesitó grandes gestos para funcionar. Tuvo un jueves sólido en Babylon, un viernes callejero especialmente agradable, un sábado condicionado al inicio por el calor pero resuelto con oficio y una noche final que volvió a llenar El Gran Café. Todos los grupos defendieron su espacio con solvencia y la organización mantuvo el festival dentro de un ritmo cómodo, reconocible y muy acorde con su escala. Programación con criterio, escenarios integrados en la ciudad, precios razonables, actividad diurna, cultura scooter, DJs con discurso propio y una relación muy directa con el público. La sexta edición de León es Acción deja la impresión de un festival que no necesita crecer a cualquier precio para ser relevante. Le basta con seguir afinando su identidad, cuidar el sonido, escoger bien las bandas y mantener vivo ese punto de encuentro donde el garage, la psicodelia, el pop y el rock and roll encuentran casa en León.





