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Primer día del Resurrection Fest 2026: Viveiro conquistado y una primera noche entre A Day To Remember, Sabaton y Testament

La primera jornada del Resurrection Fest 2026 dejó una entrada caótica en Viveiro, un recinto ya en plena ebullición y tres formas muy distintas de entender el metal.

resurrection fest 2026

Fotografía: Juan José de la Iglesia

Hay festivales a los que se llega. Y luego está el Resurrection Fest, al que muchas veces se acaba desembarcando como se puede. La primera jornada del Resurrection Fest 2026 empezó para nosotros bastante antes de pisar el recinto de Celeiro, con un viaje más accidentado de lo previsto, horarios que empezaban a apretar y esa sensación incómoda de ir mirando el reloj mientras Viveiro se acerca demasiado despacio.

No fue una entrada limpia ni tranquila. Llegamos tarde, con el cuerpo ya algo castigado antes del primer acorde, y con la impresión inmediata de que el festival había desbordado de nuevo los márgenes del pueblo. Viveiro estaba tomado. Coches por todas partes, parkings llenos, gente caminando desde cualquier punto posible, camisetas negras en cada esquina, grupos cargando mochilas, vasos, sudaderas y paciencia. El pueblo entero funcionaba como una extensión del festival. Aceras convertidas en rutas de peregrinaje, bares llenos, conversaciones cruzadas en varios idiomas y entusiasmo colectivo.

La sensación, incluso llegando a deshora, era clara. El Resurrection Fest 2026 había arrancado con hambre. No hacía falta entrar al recinto para notarlo. Bastaba con intentar aparcar, avanzar entre la marea humana y ver cómo Viveiro había dejado de ser un pueblo costero para convertirse, durante unos días, en una pequeña capital europea del ruido, la distorsión y la convivencia festivalera.

Entrar tarde en el Resu también es entrar de golpe

Cuando por fin conseguimos aproximarnos al recinto, la jornada ya iba lanzada. El miércoles había empezado a media tarde, pero nuestra crónica real empieza más tarde, con esa entrada algo atropellada que obliga a asumir que una parte del día ya se ha escapado. No hubo tiempo para instalarse mentalmente ni para hacer una primera vuelta pausada. Tocó situarse rápido, entender flujos, medir distancias entre escenarios y aceptar que el Resurrection Fest no espera a nadie.

Ese punto de llegada condiciona la mirada. No es lo mismo vivir un festival desde la apertura de puertas, con calma y libreta limpia, que caer en él cuando la maquinaria ya lleva horas girando. Pero también tiene algo especial, se entra directamente en el corazón del asunto, sin prólogo. De repente están las pantallas, los graves, el olor a comida, el polvo levantado por miles de botas, la gente buscando sitio y esa energía tan particular de la primera noche, cuando todo el mundo intenta encontrar su ritmo para los cuatro días que vienen por delante.

El recinto se veía lleno, pero todavía respirable por zonas. En los accesos y puntos de paso había acumulaciones importantes, como es habitual en una jornada con nombres grandes desde primera hora de la noche. El Main Stage concentraba buena parte de la atención, aunque el tránsito hacia el Ritual Stage ya dejaba claro que el cierre con Testament no iba a ser precisamente una nota al pie.

a day to remember

Fotografía: Juan José de la Iglesia

A Day To Remember, una fiesta pesada para levantar la noche

El primer concierto que pudimos ver con cierta continuidad fue el de A Day To Remember, una de las grandes bazas del miércoles y una presencia especialmente esperada por tratarse de su primera actuación en el Resurrection Fest. Su propuesta encajó bien en ese tramo de la noche en el que el público ya ha calentado, pero todavía conserva margen para saltar, cantar y empujar sin pensar demasiado en el cansancio acumulado.

Lo suyo fue un concierto de impacto directo, muy físico, apoyado en esa fórmula que la banda de Florida maneja desde hace años. Riffs de metalcore, estribillos enormes, fogonazos pop punk y una manera de ordenar el caos que convierte cada subida en una invitación al movimiento. A Day To Remember no necesitan disfrazarse de banda más dura de lo que son ni suavizar su pegada para agradar a más público. Precisamente funcionan porque ese equilibrio entre contundencia y melodía está ya asumido como parte de su identidad.

En el Main Stage sonaron grandes, cómodos y con oficio. Hubo respuesta desde las primeras filas, pero también en zonas más alejadas, donde se veía a mucha gente entrar poco a poco en el concierto, quizá por curiosidad, quizá arrastrada por la inercia de una banda que sabe convertir un recinto grande en algo bastante más inmediato. Los pogos aparecieron cuando tenían que aparecer, los brazos se levantaron en los momentos de himno y la comunicación con el público fue fluida, sin necesidad de alargar discursos ni romper el ritmo.

Para quienes venían del hardcore melódico, del metalcore de los dos mil o del pop punk más musculado, el concierto tuvo algo de celebración generacional. Para quienes se acercaban con menos vínculo emocional, dejó al menos una evidencia, A Day To Remember tienen canciones pensadas para crecer al aire libre, y Viveiro les ofreció el espacio perfecto para demostrarlo.

sabaton

Fotografía: Juan José de la Iglesia

Sabaton, espectáculo total, tanques y épica a escala de festival

Con Sabaton llegó el gran despliegue visual de la jornada. La banda sueca no salió simplemente a tocar, salió a ocupar el Main Stage con todo su imaginario, ese universo de power metal marcial, narración histórica, escenografía militar y estribillos diseñados para ser coreados por miles de personas a la vez. El Resurrection Fest los recibió como cabeza de cartel del miércoles, y ellos respondieron con un montaje de dimensiones considerables.

El escenario se transformó en territorio Sabaton desde el primer momento. La producción jugaba un papel fundamental. Estructuras de estética bélica, llamaradas, movimiento constante y una iluminación pensada para reforzar cada golpe de batería y cada entrada de guitarra. La banda sabe perfectamente qué tipo de espectáculo ofrece y lo ejecuta con una precisión casi mecánica, en el buen sentido y también en el más evidente. Nada parece dejado al azar.

Joakim Brodén ejerció de maestro de ceremonias con la seguridad de quien conoce muy bien a su público. Sabaton tienen esa capacidad de dividir opiniones fuera del concierto y, al mismo tiempo, reunir a una multitud delante del escenario. Hay quien entra de lleno en su épica y hay quien observa el fenómeno con más distancia, pero resulta difícil negar la eficacia de su fórmula cuando se mide en términos puramente festivaleros.

La noche ya estaba avanzada y el cansancio empezaba a pesar, especialmente después del viaje y de una llegada poco amable, pero el concierto mantenía la atención por acumulación. Fuego, coros, poses, melodías reconocibles, golpes de efecto y una entrega absoluta a su propio personaje. Sabaton no buscan sutileza; buscan impacto. Y en Viveiro lo tuvieron.

Quizá su mayor virtud sea también su límite. Todo está tan calculado, tan amplificado y tan envuelto en épica que apenas deja espacio para la sorpresa. Pero el público que llenaba el Main Stage no parecía necesitar otra cosa. Quería espectáculo, volumen, melodías heroicas y una banda funcionando como maquinaria pesada. Eso fue exactamente lo que recibió.

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Fotografía: Juan José de la Iglesia

Testament, el premio para quienes resistieron hasta el final

Después de Sabaton, el cuerpo pedía retirada. La cabeza también. Veníamos de un viaje torcido, de una entrada tarde, de caminar más de lo previsto y de una jornada que, aunque parcial para nosotros, ya había consumido bastantes reservas. Pero quedaba Testament, y hay nombres que obligan a negociar con el cansancio.

El cambio de escenario también supuso un cambio de lenguaje. Del aparato visual de Sabaton se pasó a una idea mucho más primaria y, para muchos, más esencial. Una banda de thrash metal subiendo al Ritual Stage de madrugada para hacer valer canciones, pegada y presencia. Sin rodeos. Sin necesidad de convertir cada minuto en una escena cinematográfica. Testament pertenecen a otra escuela y lo demostraron desde el arranque.

Lo suyo fue músculo, precisión y autoridad. A esas horas, cualquier grupo menor puede quedarse a medio gas, pero Testament salieron con la solvencia de quien no necesita pedir permiso. El sonido ayudó a que las guitarras mordieran con claridad, la base rítmica empujara con peso y la voz se mantuviera al frente sin quedar sepultada. El público, menos masivo que en el Main Stage pero muy entregado, respondió como responde la gente que sabe por qué se queda hasta casi las tres de la mañana.

Había cansancio, sí, pero también una especie de recompensa compartida. Testament no fueron el cierre cómodo, fueron el cierre para los que todavía querían cuello, velocidad y riffs con historia. En ese tramo final, el festival recuperó una crudeza que contrastó mucho con la grandilocuencia anterior. Y se agradeció. Porque el Resurrection Fest también va de eso, de pasar en una misma noche de una fiesta melódica a una producción gigantesca y terminar en una descarga de thrash sin demasiadas contemplaciones.

La banda sonó firme, veterana y potente. No hizo falta adornar demasiado la percepción. Cuando un grupo de ese calibre mantiene el pulso a esas horas, la crónica se escribe casi sola en las cervicales. Testament fueron una buena decisión pese al cansancio, o quizá precisamente por eso. Aguantar tuvo premio.

resurrection fest 2026

Fotografía: Juan José de la Iglesia

Una primera jornada vivida a contratiempo

Este primer día del Resurrection Fest 2026 no fue, para nosotros, una jornada completa en sentido estricto. Fue una llegada a contrapié, una entrada con prisas y una toma de contacto marcada por el desajuste inicial. Pero también fue una forma muy real de vivir el festival. No siempre se llega fresco, no siempre se aparca cerca, no siempre se ve todo lo que se quería ver. A veces el Resu empieza en una carretera complicada, en un parking imposible y en una caminata más larga de lo deseable.

Y aun así, cuando se entra, todo empieza a compensar. Viveiro lleno hasta los bordes, el recinto funcionando como punto de encuentro de tribus muy distintas, el Main Stage alternando emoción generacional y espectáculo de gran formato, el Ritual Stage cerrando con metal de vieja escuela y miles de personas moviéndose por el pueblo como si esa ocupación temporal fuese parte natural del paisaje.

A Day To Remember dejaron uno de los conciertos más disfrutables de la noche para quienes buscaban melodía, empuje y comunión inmediata. Sabaton confirmaron que su propuesta, guste más o menos, tiene escala de cabeza de cartel y una producción pensada para grandes multitudes. Testament pusieron el cierre más áspero, más clásico y más puramente metalero, justo cuando la madrugada separa a los curiosos de los resistentes.

El Resurrection Fest 2026 arrancó, al menos desde esta mirada tardía y algo magullada, como suelen arrancar las grandes ediciones, con el pueblo desbordado, la logística al límite, la música imponiéndose al cansancio y la sensación de que, una vez más, Viveiro se ha convertido durante unos días en un lugar difícil de explicar a quien no lo haya vivido desde dentro.

Más información: https://www.resurrectionfest.es

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