Versión clásica

Urraca Alfónsez, la Asturiana (1132 – 1164)

Vaya hoy esta breve biografía de una Urraca, nieta de la reina, que nació apenas seis años después del fallecimiento de la misma y cuya historia bien merece ser conocida.

Urraca Alfónsez, la Asturiana

Tumba de la reina Urraca la Asturiana en la capilla del Sagrario de la catedral  Catedral de Palencia. Fotografía: Diócesis de Palencia

En este año en el que se cumplen nueve siglos del fallecimiento de nuestra reina Urraca I, hija de Alfonso VI, muchos leoneses (y algunos que no lo son) han comenzado a diferenciar (¡ya era hora!) al menos a dos de las varias Urracas que vivieron en estas tierras.

Alfonso VII el Emperador

Es hija ilegítima del Rey Alfonso VII, el emperador. Cuadro de la colección Reyes de León del Ayuntamiento de León. Fotografía: Martínezld

Entendemos, entonces, que ya distinguen entre Doña Urraca, la tía de la reina y cuya importancia para su padre supuso que llevara dicho nombre, y la propia reina Urraca I. En ese caso, ya tenemos dos, y, en buena lógica, nos hemos ocupado cumplidamente de ellas; pero, desde este periódico, hemos hecho algunos esfuerzos para traer a la memoria de los que nos leen algunas más. Vaya hoy esta breve biografía de una Urraca, nieta de la reina, que nació apenas seis años después del fallecimiento de la misma y cuya historia bien merece ser conocida. Nos referimos a Urraca Alfónsez, denominada La Asturiana.

Estamos ante una persona, nacida de los amores de Alfonso VII, el Emperador y de una joven asturiana Gontrodo Petri o Pérez.

¿Y cómo surge esta relación? Al parecer, durante una rebelión protagonizada en Asturias por el conde Gonzalo Peláez, Alfonso se vio en la necesidad de intervenir personalmente. Por esa razón se alojó en casa de la joven, en el valle del Aller.

Los hagiógrafos, más que los biógrafos, han pretendido que Gontrodo era hija de una familia de la alta nobleza; para la mayor parte, sin embargo, estamos simplemente ante alguien de la nobleza rural. Lo cierto es que el rey se prendó de la joven con la que tuvo una hija a la que pusieron el nombre de Urraca, como su abuela, recientemente fallecida. De hecho, fue su hija mayor, puesto que Sancho, que nacería de su mujer Berenguela, no lo haría hasta el año 1134.

Hay que decir que, en la época, los hijos bastardos de reyes y magnates, dependiendo de la necesidad y la querencia a los mismos, eran reconocidos como propios, y criados como los legítimos. Así sucedió con Urraca que fue educada en la sede regia, en León, directamente a cargo de la infanta reina Sacha, hermana mayor de su padre.

Al parecer, pretendía hacer de la joven una señora del Infantado, como ella lo había sido, pero el destino había previsto otros derroteros para Urraca. Fue casada a los 12 años con el rey de Pamplona García IV Ramírez, el Restaurador. Se trataba de mantener, por medio de este matrimonio, el vasallaje del Reino de Pamplona para con el Reino de León.

La boda se celebró el 24 de junio de 1144 y el marido, viudo ya de Margarita de l’Áigle, tenía 44 años.

Según la Chronica Adefonsi imperatoris, la boda fue todo un acontecimiento y acudieron multitud de personalidades a la misma. Durante varios días se celebraron festejos que estaban presididos por el ya Emperador Alfonso VII y el recién casado García Ramírez.

Para su desgracia, el rey de Pamplona falleció seis años más tarde y Urraca, con apenas 18 años, se quedó viuda y con una hija, Sancha Garcés (1148-1176), que casaría con Gastón V de Bearne (1154 – 1170), sobrino de la esposa de su abuelo Alfonso VII, Berenguela de Barcelona. Sin embargo, Urraca permanecería en Pamplona hasta cumplir los 20 años. Posteriormente, volvió a sus tierras de Asturias, esta vez con un nombramiento muy importante dado por su padre: gobernadora de Asturias con título de reina, que ostentó entre los años 1153 y 1165, aun fallecido su padre en 1157. Para un emperador, tener reyes asociados a él parecía del mayor interés y no debía entrañar peligro alguno.

No ocurriría lo mismo, sin embargo, en el momento en que su hermanastro Fernando II heredó el Reino de León, pues, casada de nuevo en 1163 (tenía entonces 37 años) con Álvaro Rodríguez de Castro, ambos harían un intento de independencia de Asturias del Reino de León, algo que fue, inmediatamente, abortado con la presencia del rey Fernando y el apoyo del obispo de Oviedo, Gonzalo.

Hay que decir que siempre fue muy querida y respetada en Asturias pues sería una gran benefactora de iglesias, especialmente de la catedral de Oviedo y del monasterio de San Pelayo, lugar al que se habían trasladado, desde León, las reliquias del niño Pelayo, martirizado en Córdoba, por orden de Abderramán III .

Después de su intento de secesión, negado, sin embargo, por algunos historiadores, su medio hermano Fernando II la desterró a Palencia donde falleció en el año 1179; su sepulcro se encuentra en la catedral de dicha ciudad.

Texto: Hermenegildo López González

Enredando
Política de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Más información sobre la política de privacidad.