La Feria de Córdoba se celebra del 23 al 30 de mayo, en conmemoración de Nuestra Señora de la Salud. En el recinto del Arenal, de fácil acceso, se dan cita caballistas, gitanas y flamencos, en las casetas que se disponen de forma ordenada y repartidas en las distintas calles del ferial. Dichas casetas son públicas la mayor parte del tiempo, por lo que todos los visitantes tienen las puertas abiertas para entrar en aquellas que deseen, que es precisamente en lo que consiste parte de la diversión.
La feria principal de Córdoba, evento más destacado del mayo festivo cordobés, data del Siglo XVIII. El broche de oro en el Mayo festivo cordobés lo pone la Feria de Nuestra Señora de la Salud. Este año la Feria se celebra del 23 al 30 de mayo. La alegría de las sevillanas, el vino fino, las tapas, el sombrero cordobés y las peinetas darán estos días color y sabor a la ciudad.
La ciudad culmina mayo con la Feria de Nuestra Señora de la Salud que vuelve a convertirse en la expresión popular de nuestra forma de ser y de entender la vida. Y estos valores, estas señas que nos identifican, volverán a convertirse en el centro de esta feria y en su razón de ser.
Se celebra en el recinto del Arenal, de fácil acceso, en dónde se dan cita caballistas, gitanas y flamencos, en las casetas que se disponen de forma ordenada y repartidas en las distintas calles del ferial. Dichas casetas son públicas la mayor parte del tiempo, por lo que todos los visitantes tienen las puertas abiertas para entrar en aquellas que deseen, que es precisamente en lo que consiste parte de la diversión.
Unas calles que estos días son el reflejo de la armonía, del reencuentro y de la hospitalidad de una ciudad que sabe reconocerse en el diálogo.
Desde el mediodía hasta el amanecer, este recinto ferial es un bullir constante de cordobeses y visitantes, dispuestos a despedir el mes más hermoso de Córdoba con la misma alegría y ganas de diversión que habrán ido marcando todas las festividades de Mayo.
El peso de la organización corre a cargo del Ayuntamiento, pero en esta fiesta de participación absoluta: hermandades, peñas, asociaciones vecinales y culturales, organizaciones no gubernamentales, empresas, organismos públicos, trabajadores por cuenta propia y voluntarios de Cruz Roja, aportan también una infraestructura y un trabajo agotador que revierte, además de en esplendor, en una extraordinaria atención al público.
Más de un millón de visitantes cruzarán por el El Arenal en esos días, bajo el Sol o entre el firmamento nocturno de colores, luces y farolillos. El baile y la camaradería inundan las calles del Real y las casetas, abiertas siempre de par en par a todo el público; porque en Córdoba no existen recintos cerrados ni vetos en estos treinta y un días, si no un ambiente cordial y acogedor, en el que todas las edades y clases sociales ocupan un espacio común, creando al mismo tiempo, múltiples ambientes diferenciados.
Además de las casetas y atracciones de feria, la sociedad cordobesa puede disfrutar de actividades tan típicas de su cultura como el paseo de caballos y enganches.
En esa hora mágica que representa las horas de la noche, de Mayo el cielo se salpica de colores, con los fuegos artificiales que inauguran “La feria”, abriendo paso a la alegría, los reclamos de las atracciones, la música estridente, las melodías, el flamenco, el folclore y los encuentros y reencuentros que darán paso a las comidas sociales, amistosas, de hermandad o en familia, entre un desfile interminable de caballistas, carruajes, preciosos trajes de gitana y de corto, llevados con elegancia que caracteriza a las gentes de Córdoba.
Es el inicio de la feria que anuncian las casi trescientas mil bombillas, encendidas al unísono ante los ojos de los miles de espectadores allí concentrados. Ante ellos se abrirá un bellísimo paisaje de colores y fantasías, que alcanza su visión más sorprendente en las inmensas arcadas de la puerta principal. El pórtico del Real –distinto cada año y que siempre reproduce los arcos y la torre alminar de la Mezquita cordobesa- sigue siendo uno de los detalles más admirados y esperados por el público, tanto por su arquitectura como por su originalidad, que ha ido alcanzando progresivamente un mayor esplendor, desde el traslado de la feria en 1994 de su antigua ubicación en los jardines de la Victoria hasta el Arenal.
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