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Crónica del Z Live 2026: tres días de calor y Zamora convertida una vez más en el templo del metal

La XI edición del Z Live dejó una crónica de contrastes. Evil Invaders arrasaron el jueves, Saxon, Su Ta Gar y Burning Witches elevaron el viernes, y Soziedad Alkoholika y Epica remataron un sábado de enorme respuesta popular.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Hay festivales que se cuentan mejor desde el listado de horarios, escenario por escenario, como si el público se hubiera podido multiplicar durante tres días y verlo todo con la misma atención. Y luego está la realidad: llegar a Zamora, mirar al cielo, calcular fuerzas, elegir batallas, perderse cosas, acertar en otras, comer cuando se puede, beber agua cuando el cuerpo lo pide y acabar haciendo memoria con las piernas cargadas y la cabeza llena de riffs.

El Z Live 2026, celebrado del 11 al 13 de junio en el recinto ferial IFEZA, volvió a convertir Zamora en una parada obligada para el público del rock y el metal. La undécima edición llegaba con un cartel muy variado y también con cierto debate alrededor de su composición, especialmente tras la caída de Twisted Sister por los problemas de salud de Dee Snider y la posterior reordenación del cartel con Epica como uno de los grandes nombres del sábado. Pero un festival, al final, no se juzga solo en el cartel que se mira en casa, sino en lo que ocurre delante del escenario.

Y ahí el Z Live volvió a dejar materia de sobra para discutir, celebrar y matizar. No fue una edición perfecta, porque pocas lo son. Hubo conciertos que sonaron mejor que otros, propuestas que encajaron de manera más natural en el contexto festivalero y bandas que, sin estar necesariamente en la cima del cartel, acabaron llevándose buena parte del recuerdo. Pero también hubo algo que el Z Live maneja cada vez con más soltura, esa sensación de ciudad tomada por camisetas negras, conversaciones cruzadas sobre conciertos y una convivencia bastante sana entre generaciones, estilos y maneras distintas de entender el metal.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Jueves: cuando Evil Invaders se comieron la jornada

El jueves fue una jornada de arranque, y eso siempre se nota. El público va entrando poco a poco, el cuerpo todavía está aterrizando y el festival empieza a probar su propio pulso. Por el escenario pasaron Headon, Noah Histeria, Serious Black, Evil Invaders, Bury Tomorrow, Emperor, Opeth, Delalma y Dragony, en un primer día con nombres de mucho peso pero también con algunos problemas de sonido que condicionaron parte de la noche.

De todo lo visto ese día, lo de Evil Invaders fue directamente una barbaridad. A veces no hace falta buscar demasiadas explicaciones. Una banda sale con hambre, suena como un cañón y entiende perfectamente dónde está. Los belgas fueron, sin discusión, uno de los grandes golpes de todo el festival. Thrash metal rápido, agresivo, muy bien ejecutado y con una energía que levantó la jornada de una patada.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Lo mejor de Evil Invaders fue que no se quedaron solo en la intensidad. El sonido acompañó, los riffs entraban claros, la base rítmica empujaba sin descanso y la banda transmitía esa electricidad que separa un concierto correcto de uno que se queda dando vueltas en la cabeza durante días. En una edición con nombres más grandes, ellos fueron la prueba de que el tamaño del logo en el cartel no siempre decide quién gana la tarde.

Después, Bury Tomorrow cumplieron con solvencia. Su metalcore funcionó bien, con oficio y respuesta del público, aunque dejó una sensación más fría si se venía del vendaval anterior. No hicieron un mal concierto, ni mucho menos, pero Evil Invaders habían dejado el listón emocional demasiado alto.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

El momento más delicado llegó con Emperor. La presencia de los noruegos era uno de los grandes reclamos del jueves, más aún con la aparición de Mortiis y Faust, que añadía un componente histórico evidente para cualquier seguidor del black metal. La pena fue el sonido. Durante buena parte del concierto faltó claridad, y en una banda como Emperor eso pesa mucho. Su música necesita violencia, sí, pero también dimensión, profundidad y espacio para que las capas respiren. Al final la cosa mejoró y el tramo final dejó mejores sensaciones, pero quedó la impresión de que podía haber sido bastante más grande.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Opeth, en cambio, jugaron en otro terreno. Sonaron muy bien, con una puesta en escena elegante y una clase indiscutible. La banda sueca tiene una personalidad que no necesita demasiados adornos. Cuando el sonido está de su lado, su mezcla de metal progresivo, rock oscuro y pasajes atmosféricos funciona con una precisión admirable. Ahora bien, también volvió a aparecer esa duda que ya había rondado el año anterior con Dream Theater. Hay bandas magníficas que quizá no terminan de encajar del todo en la dinámica de un festival de metal con muchas horas acumuladas, ruido alrededor y un público que no siempre está para una escucha tan reposada. Opeth estuvieron muy bien, pero su propuesta exige otro tipo de atención.

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Fotografía: Juanje de la Iglesia

Viernes: el día en que todo sonó mejor

El viernes fue, en conjunto, una jornada más redonda. La sensación general fue clara. Mejor sonido, mayor regularidad y varios conciertos que funcionaron de verdad. El cartel reunía a Xeria, Kardinal X, Burning Witches, Su Ta Gar, Blaze Bayley, H.E.A.T, Saxon, Coroner y Ekyrian, con un recorrido que iba del heavy clásico al hard rock melódico, el metal estatal y el thrash técnico.

Una de las primeras grandes alegrías fue Burning Witches. Las suizas ofrecieron un concierto impecable en sonido, actitud y pegada. Heavy metal directo, bien armado y defendido con una seguridad tremenda. No hubo sensación de relleno ni de trámite. Salieron a convencer y lo consiguieron. En un festival donde a veces el público reserva energías para los nombres históricos, Burning Witches obligaron a mirar al escenario con atención.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Luego llegó uno de los momentos más bonitos del festival, Su Ta Gar. Lo de la banda de Eibar en Zamora fue una demostración de algo que va mucho más allá del idioma. Cantando en euskera, con una trayectoria larguísima a sus espaldas y sin necesidad de adaptarse a nadie, consiguieron una respuesta espectacular de un público completamente entregado. Había algo emocionante en ver cómo canciones escritas desde una identidad tan concreta conectaban con tanta naturalidad con aficionados llegados de todas partes.

Su Ta Gar sonaron fuertes, convencidos y con esa autoridad que solo da el tiempo cuando no se ha perdido la honestidad por el camino. Fue uno de los conciertos más especiales del viernes, no solo por cómo tocaron, sino por cómo respondió la gente. En una edición con mucho nombre internacional, ellos recordaron que la escena estatal tiene bandas capaces de mirar de frente a cualquiera.

H.E.A.T llevaron la jornada hacia el hard rock melódico. Puede que no sea el estilo favorito de todos los presentes, pero los suecos hicieron un concierto muy eficaz, bien sonado y con una actitud claramente festivalera. Tienen canciones pensadas para abrirse rápido, una puesta en escena dinámica y un oficio que se nota. Gustarán más o menos, pero estuvieron muy bien.

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Fotografía: Juanje de la Iglesia

El plato fuerte del viernes fue Saxon, y ahí no hubo demasiada discusión. Ver a Saxon sigue imponiendo. No por nostalgia vacía, sino porque la banda británica conserva algo que no se aprende en una escuela, presencia. Sonaron genial, con potencia y claridad, y dejaron una actuación a la altura de su condición de leyenda. Hay grupos que viven de lo que fueron y otros que, además de tener historia, siguen sabiendo defenderla sobre un escenario. Saxon pertenecen a los segundos.

Ya tarde, Coroner ofrecieron una descarga potente, más técnica y menos complaciente. No era el concierto más fácil a esas horas, con el cuerpo ya pidiendo tregua, pero los suizos mantuvieron el tipo con un sonido poderoso y una propuesta afilada. Fue un buen cierre para quienes todavía querían algo más oscuro y retorcido después del peso clásico de Saxon.

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Fotografía: Juanje de la Iglesia

Sábado: Soziedad Alkoholika ganan por conexión, Epica por espectáculo

El sábado fue quizá el día más abierto estilísticamente. Latzen, Romanthica, Dominum, Krisiun, TesseracT, Soziedad Alkoholika, Epica, Brothers of Metal y Lépoka componían una jornada capaz de pasar del death metal brasileño al metal progresivo moderno, del hardcore/thrash estatal al sinfónico de gran formato y de ahí al cierre festivo de madrugada.

Krisiun fueron una de las primeras sacudidas serias del día. Lo suyo es brutalidad sin demasiadas florituras, pero con una precisión que muchas veces se subestima. En Zamora sonaron muy potentes y muy bien, algo fundamental para que su death metal no se convierta en una masa informe. Fueron directos, físicos y aplastantes. Justo lo que se espera de ellos.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Con TesseracT llegó un cambio de paisaje bastante acusado. No son una banda para todos los gustos, y su metal progresivo moderno pide otro tipo de escucha, más pendiente de las texturas, los cambios rítmicos y la construcción atmosférica. Aun así, sonaron bien y el público respondió. Aunque no entren igual para quien busca algo más visceral, demostraron nivel y dieron variedad real al sábado.

Pero el gran momento emocional del último día fue Soziedad Alkoholika. Ahí no hay que disimular demasiado. Para quien disfruta ese cruce de hardcore, thrash, mala leche y canciones coreadas con el puño cerrado, S.A. fueron una apisonadora. Repasaron clásicos, conectaron desde el primer momento y convirtieron el recinto en una descarga colectiva. No fue solo un concierto, fue una celebración de rabia compartida.

La banda vitoriana tiene algo que sigue siendo muy difícil de fabricar, credibilidad. Cuando atacan su repertorio, no suena a revisión nostálgica ni a piloto automático. Suena a canciones que todavía tienen filo y a un público que las siente como propias. En Zamora hubo entrega total, pogos, voces, brazos en alto y esa sensación de que escenario y público estaban exactamente en el mismo sitio. Para esta crónica, fueron el gran concierto del sábado.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Después, Epica cambiaron el registro por completo y ofrecieron uno de los grandes espectáculos visuales y sonoros de la edición. La banda neerlandesa asumió su papel principal con una producción de altura, muy buen sonido y una presencia escénica enorme. Y luego está Simone Simons. Su voz fue, sencillamente, tremenda. Tiene técnica, potencia, control y una manera de ocupar el escenario que hace que todo el engranaje de Epica parezca más grande.

Lo interesante de Epica es que su propuesta podría caer fácilmente en el exceso, pero cuando el sonido está equilibrado y la banda funciona, ese exceso se convierte en espectáculo. En Zamora consiguieron que la parte sinfónica, la base metálica y la dimensión visual caminaran juntas. Fue un concierto impresionante, de esos que justifican sin problema una posición alta en el cartel.

Para rematar, Brothers of Metal pusieron el punto teatral y festivo. Su fórmula es puro juego épico. Mitología, coros, poses, melodías grandes y una puesta en escena que pide al público entrar sin complejos. Y funcionó. A esas alturas del festival, con el cansancio instalado ya en las piernas, se agradeció una banda capaz de levantar el ánimo y convertir el final de la noche en algo más ligero, divertido y participativo.

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Un Z Live de contrastes, pero con mucho que recordar

Mirado con algo de distancia, el Z Live 2026 dejó una edición irregular en algunos aspectos, pero muy disfrutable en lo esencial. El jueves tuvo momentos brillantes y algún problema sonoro importante. El viernes fue el día más sólido en conjunto, con una mejora clara del sonido y conciertos sobresalientes de Saxon, Su Ta Gar y Burning Witches. El sábado mezcló estilos con valentía y acabó dejando dos imágenes muy distintas pero igual de potentes. Soziedad Alkoholika incendiando al público desde la cercanía y Epica levantando un espectáculo de gran formato.

También quedó claro que el festival funciona mejor cuando no se mide solo por sus cabezas de cartel. Evil Invaders, Su Ta Gar, Burning Witches o Krisiun explican tanto esta edición como Opeth, Saxon o Epica. Y eso es una buena noticia. Un festival sano no puede depender únicamente de los nombres grandes, necesita esas bandas que sorprenden, que confirman, que arrastran al público a primera hora o que convierten una tarde cualquiera en el recuerdo que se comenta al día siguiente.

El Z Live sigue teniendo algo muy valioso, una personalidad reconocible. Zamora no es un decorado neutro, IFEZA no se siente como un recinto cualquiera y el público del festival mantiene una mezcla de veteranía, curiosidad y resistencia que no siempre se encuentra en citas más masificadas. Hay margen de mejora, claro, especialmente en la regularidad del sonido y en cómo se equilibran ciertas propuestas dentro del horario. Pero cuando uno repasa lo vivido, pesan más los buenos conciertos que los peros.

Z Live 2026

Fotografía: Juanje de la Iglesia

Al final, de un festival uno se lleva escenas sueltas. Evil Invaders sonando como si fueran a romper el escenario, Su Ta Gar demostrando que el idioma no limita cuando las canciones son verdaderas, Saxon recordando por qué son historia viva, Soziedad Alkoholika convirtiendo Zamora en una olla a presión, Simone Simons dejando una de las grandes actuaciones vocales del fin de semana y Brothers of Metal cerrando la noche con una sonrisa cómplice.

Eso fue, en el fondo, el Z Live 2026. Tres días de cansancio, calor, guitarras, conversaciones, elecciones imposibles y conciertos que no siempre salieron como uno esperaba, pero que dejaron suficientes razones para volver a mirar hacia Zamora cuando el festival anuncie su próxima edición.

Más información: https://zliverock.com/

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