Desde 1993, El Carnicero ofrece una cocina construida alrededor del producto, las brasas y la hospitalidad. Detrás de esta historia está Philippe Libioulle, empresario belga y fundador del restaurante, que llegó a la Costa del Sol en los años 90 tras una vida dedicada a la hostelería. Ubicado en Cancelada, Estepona, el restaurante reúne carnes seleccionadas, pescados frescos, verduras de temporada y una cuidada bodega en una propuesta que respeta el origen y la calidad de cada ingrediente. Las brasas forman parte de su identidad y de la manera de cocinar.
Madrid, 8 de junio de 2026.- Mucho antes del auge gastronómico de la Costa del Sol, este restaurante de Cancelada ya reunía alrededor de las brasas a quienes entendían que el verdadero lujo empieza en el producto: carnes maduradas, verduras de temporada, pescados, vinos, cócteles y postres donde el fuego también deja su huella.
Aquí, todo pasa por la brasa.
Hoy, más de tres décadas después, El Carnicero inicia una nueva etapa con una remodelación que transforma el espacio sin alterar su esencia: una casa cálida y viva construida alrededor del fuego, el producto y la hospitalidad.
Detrás de esta historia está Philippe Libioulle, el empresario belga que llegó a la Costa del Sol en los 90 después de toda una vida dedicada a la hostelería. Antes de aterrizar en España ya había creado más de quince restaurantes en Bélgica, pero su historia comenzó de una forma mucho más humilde: vendiendo patatas fritas y trabajando en el mundo de la noche. Fue allí donde descubrió algo que lo acompañaría siempre: hacer feliz a la gente alrededor de una mesa.
Todo comenzó con su primer restaurante en la Grand Place de Mons: La Petite Provence. Y aunque después llegarían muchos más proyectos, fue la Costa del Sol la que realmente le hizo sentir que había encontrado su lugar en el mundo.
En 1993 abrió las puertas de El Carnicero.
Aunque Philippe creó otros restaurantes tan conocidos como Azul Marino, La Ola, Salsa Marinera, El Rancho o Finca Las Brasas, El Carnicero siempre fue diferente para él. Siempre decía que era su favorito. Lo llamaba cariñosamente “La Petite Provence”, recordando también el nombre de aquel primer restaurante con el que empezó todo en Bélgica.
Hoy, esa esencia sigue presente en cada rincón de El Carnicero: En el olor a leña. En el humo de la parrilla. En las mesas llenas. En las copas de vino. En el sonido de la sala. En cada servicio y en cada detalle.
La nueva identidad de El Carnicero recupera precisamente ese legado de fuego: brasas encendidas a diario, cocina de producto sin artificios, materiales nobles, humo, madera, vinos seleccionados y una propuesta donde la parrilla no entiende solo de carne.
Verduras, pescados y cortes seleccionados, todos marcados por las brasas, forman parte de una experiencia donde el fuego transforma sin esconder el origen de cada ingrediente. Porque en El Carnicero, el producto siempre ha sido el verdadero protagonista.
Más que una nueva etapa, El Carnicero representa la continuidad de una forma de entender la restauración que cada vez resulta más difícil de encontrar: hospitalidad real, cocina viva y respeto absoluto por el producto.
El Carnicero
Desde 1993, El Carnicero ofrece una cocina construida alrededor del producto, las brasas y la hospitalidad. Detrás de esta historia está Philippe Libioulle, empresario belga y fundador del restaurante, que llegó a la Costa del Sol en los años 90 tras una vida dedicada a la hostelería.
Ubicado en Cancelada, Estepona, el restaurante reúne carnes seleccionadas, pescados frescos, verduras de temporada y una cuidada bodega en una propuesta que respeta el origen y la calidad de cada ingrediente.
Las brasas forman parte de su identidad y de la manera de cocinar. El fuego acompaña cada elaboración con naturalidad, potenciando los sabores y permitiendo que el producto sea siempre el protagonista.
En un ambiente cálido y acogedor, El Carnicero es un lugar pensado para disfrutar sin prisas, compartir alrededor de una buena mesa y celebrar una gastronomía honesta donde el producto, el servicio y el cuidado por los detalles marcan cada experiencia.





