Versión clásica

La Universidad de Salamanca concede el doctorado “honoris causa” a título póstumo a Francisco de Vitoria

El rector de la USAL resalta la vigencia del legado de Francisco de Vitoria en la concesión del doctorado honoris causa. Fray Pablo Carlos Sicouly recibe la distinción en nombre de la Orden de Predicadores y resalta la contribución de Vitoria en el campo de la vida universitaria, y de su servicio al bien común de la sociedad, la cultura y la comunidad internacional

doctorado “honoris causa” a título póstumo  a  Francisco de Vitoria

Fotografía: USAL

doctorado “honoris causa” a título póstumo  a  Francisco de Vitoria

Fotografía: USAL

Hace quinientos años, el fraile dominico Francisco de Vitoria tomaba posesión de la Cátedra de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca, considerada en el siglo XVI la más importante del Imperio, iniciando así un magisterio que iba a cambiar el rumbo de la historia del Estudio salmantino y a poner los cimientos de la Escuela de Salamanca y del Derecho Internacional.

doctorado “honoris causa” a título póstumo  a  Francisco de Vitoria

Fotografía: USAL

doctorado “honoris causa” a título póstumo  a  Francisco de Vitoria

Fotografía: USAL

Con la concesión ayer del doctorado “honoris causa” a título póstumo  a Vitoria, la Universidad de Salamanca pone en valor, “con orgullo y con gratitud”, el legado de uno de sus profesores más ilustres, cuya voz a cinco siglos de distancia sigue siendo, para el rector Juan Manuel Corchado Rodríguez,  “asombrosamente actual”.

“Todo en estas piedras nos habla de él: el aula donde dictó sus ‘relecciones’, sus autógrafos guardados en la Biblioteca General Histórica, los frescos del aula que lleva su nombre, la lámina de este Paraninfo con los maestros ilustres, la placa que en el cuarto centenario, en 1926, se dedicó a su memoria. Faltaba, sin embargo, un gesto. Faltaba que esta Universidad dijera, con todas las letras, lo que el corazón sabía desde hace siglos”, subrayó el rector durante el emotivo acto.

Durante su intervención, el rector resaltó la vigencia del legado intelectual de Vitoria y lo hizo, en apariencia, sobre la base de dos pequeñas cosas: utilizó la obra “Suma” de Santo Tomás, frente a una gran oposición de los intelectuales de la época, como base de toda la enseñanza, y, la segunda, su docencia en las aulas se basaba en el dictado de las lecciones. “Empezó cuidando a sus estudiantes y terminó cuidando a la humanidad entera”, subrayó Corchado, quien recordó que de las aulas salmantinas salió “una forma nueva de pensar el mundo”.

“Vitoria y los suyos renovaron la teología, pusieron los cimientos del derecho internacional, formularon las primeras teorías modernas de la economía e incluso hicieron ciencia”, enfatizó ante un abarrotado Paraninfo con más de 200 doctores.

Entre sus enseñanzas, el rector resaltó la defensa de la libertad “el hombre fue creado en libertad” y que “por derecho natural todos los hombres son libres” y recordó que a quienes solo veían enemigos, escribió que “el hombre no es un lobo para el hombre; la naturaleza estableció cierto parentesco entre todos los hombres”. Esta frase es la que precisamente ha quedado inmortalizada en el Vitor descubierto en el Claustro bajo de las Escuelas Mayores, junto al Aula Francisco de Vitoria.

 

Ideas propias de toda democracia

Corchado Rodríguez explicó que de las aulas salmantinas arrancan también ideas que siglos más tarde se reconocerán como propias de toda democracia: “Sostuvo, que el poder no baja del cielo sobre un solo hombre, sino que nace del pueblo (“todo el poder del rey, escribió, viene de la república”). Y a quienes justificaban cualquier guerra, les dejó tres reglas de oro: “antes de la guerra, buscar por todos los medios la paz; durante ella, hacerla sin odio y por la sola justicia; y, después de ella, usar del triunfo con moderación. Y defendió que los indios de América eran verdaderos dueños de sus tierras, libres por naturaleza, y que nadie, ni el emperador, ni el papa, podía despojarlos de sus dominios”.

E imaginó, en pleno siglo XVI, cuatrocientos años antes de Ginebra, algo muy parecido a las Naciones Unidas: “El orbe, dijo, que en cierta forma constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a todos”.

También tuvo palabras para recordar su faceta docente y la veneración que le profesaban sus discípulos; “Sus lecciones, que él nunca llegó a publicar en vida, viajaron por el mundo en los cuadernos de sus alumnos y se imprimieron una y otra vez en Lyon, en Salamanca, en Ingolstadt, en Venecia, en Colonia. Maestros formados en estas aulas como Domingo de Soto, Melchor Cano, Domingo Báñez, Bartolomé de Medina y, tantos otros, llevaron a las Indias el espíritu que florecía en estas piedras. Por eso este homenaje es también el suyo”, apostilló el rector.

 

Discípulos dignos de su escuela

Precisamente, entre las que se confesó discípula “de un hombre que habitó estas mismas aulas hace 500 años para convertirnos en miembros dignos de su actual escuela”, fue la profesora de Filosofía, María Martín Gómez, quien ejerció de madrina.

“Vitoria llegó a Salamanca con un desafío impuesto por un profesor de París. Pensar de un nuevo modo un nuevo mundo. Con valentía. Contra quien fuera: contra el tirano, los peruleros o hasta el Emperador cuando fue necesario. Y a nosotros nos toca continuar su estela”, indicó.

En su Laudatio, Martín Gómez ensalzó las dotes extraordinarias que para la enseñanza debió tener Vitoria (la Orden de Santo Domingo, después de su formación en París y su paso por Valladolid, le elige a él para que se presente a las oposiciones cuando queda vacante la Cátedra de prima de Teología de la Universidad de Salamanca) y, sobre todo, la impronta que dejó en sus estudiantes, que fueron los que realmente difundieron su legado, ya que mientras fue profesor en el Estudio no escribió ni un solo libro, hasta ganarse el apodo académico de “El Sócrates hispano”.

Si hoy Vitoria es reconocido con etiquetas tan generosas como padre del derecho internacional, pionero de los derechos humanos, renovador de la teología o fundador de la escuela de Salamanca, no fue por causa de la imprenta sino por la impronta que él mismo dejó en sus estudiantes”, indicó.

Esta devoción por el maestro es lo que explica que, a juicio de la profesora del Departamento de Filosofía, Lógica y Estética, hoy hablemos de una Escuela de Salamanca, “porque un grupo de profesores se reconocieron a sí mismos discípulos de Vitoria”.

Su humildad intelectual, su prestancia de ingenio para reflexionar sobre su tiempo y su talento para pensar de forma inmediata los problemas que estaban aconteciendo en el siglo XVI fueron otros de los rasgos de la personalidad de Vitoria destacados por su madrina.

 

Una ceremonia especial

El homenaje a Francisco de Vitoria comenzó antes del inicio de la ceremonia en el Paraninfo, ya que el cortejo académico se desplazó hasta el Convento de San Esteban, para recordar el camino que el fraile dominico realizaba para impartir sus clases en las Escuelas Mayores desde que ganara su cátedra el 7 de septiembre de 1526, cuando se le concede la vacante “con aplauso de estudiantes y de todo el claustro”.

Los más de 200 doctores partieron del Edificio de las Escuelas Mayores por la puerta de la plaza de Anaya, para atravesar el ágora por delante del Palacio de Anaya, descender por la calle Tostado hasta llegar al convento de los Dominicos. En su interior, el rector Juan Manuel Corchado y fray Pablo Carlos Sicouly realizaron una ofrenda floral en el llamado “panteón de los teólogos”, donde se encuentra la tumba de Vitoria, durante la cual intervino el Coro Universitario, dirigido por Sara Escuer Salcedo, que interpretó la pieza «Locus iste» (Anton Bruckner, 1869).

Finalizada la ofrenda, la comunidad de frailes dominicos se unió al cortejo en la iglesia de San Esteban para dirigirse al Paraninfo tras transitar por la plaza Concilio de Trento, calle Palominos y Rúa Mayor antes de acceder de nuevo al Edificio Histórico.

Ya en el Paraninfo, Fray Pablo Carlos Sicouly fue el encargado de recibir el “honoris causa” en nombre de la Orden de Predicadores. Tras mostrar su gratitud a la Universidad de Salamanca por esa distinción, definió la decisión adoptada por el Claustro de Doctores como “profundamente significativa y oportuna, porque contribuye a destacar el significado y el valor permanente y especialmente actual de la contribución de Vitoria en el campo de la vida universitaria, y de su servicio al bien común de la sociedad, la cultura y la comunidad internacional”.

“La concesión de este doctorado por parte de la Universidad de Salamanca”, reflexionó, “nos invita a todos a la corresponsabilidad en la búsqueda de la verdad, del bien común, del respeto de la dignidad y los derechos de los seres humanos y de los pueblos y del empeño por la paz, en un tiempo de múltiples e importantes desafíos”.

Para Sicouly, la Orden de Predicadores ve en Vitoria “una fiel y fecunda realización del ideal de Santo Domingo” y como un “modelo de diálogo entre quienes se dedican a la labor académica, como lo hizo él aquí, y quiénes sobre el terreno, en los diversos lugares del mundo, se empeñan por promover y defender, junto con la predicación de la gracia, la dignidad y los derechos de las personas y los pueblos”.

“Francisco de Vitoria contribuyó al reconocimiento de la plena dignidad humana y jurídica de todos los seres humanos, incluidos los pueblos indígenas de América, en un tiempo en que ese encuentro de culturas planteaba múltiples y dramáticos desafíos. Vitoria fue también el primer representante de una reflexión sobre la comunidad internacional mundial: el totus orbis, comprendido como una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural universal y no en el uso de la fuerza”, argumentó el fraile dominico, tras recibir los atributos de doctor que fueron depositados en una bandeja.

Finalmente, hizo referencia a las palabras del Papa León XIV en su reciente encíclica Magnifica humanitas que describe los desafíos de la sociedad actual ante la cultura del poder, la guerra como instrumento de política internacional, de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial y de las reformas del sistema político internacional. Ante ellos invitó a los presentes a redescubrir las aportaciones de Francisco de Vitoria, a buscar en ellas “inspiración para ofrecer respuestas a las nuevas realidades, que son a la vez amenazas y posibilidades.”

 

Asistentes

El acto estuvo presidido por el rector Juan Manuel Corchado Rodríguez acompañado de la rectora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Perú, Jeri Gloria Ramón Ruffner De Vega; la vicerrectora de Ordenación Académica y Profesorado, Rosario Arévalo; el decano de la Facultad de Filosofía, Domingo Sánchez; y el secretario General de la USAL, Alfredo Ávila.

Asimismo, también acudieron a la sesión el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo; la vicepresidenta de la Junta de Castilla y León, Isabel Blanco Llamas; el presidente del Consejo Consultivo, Agustín Sánchez de Vega; el presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (RACMYP), Benigno Pendás; y el presidente de la Diputación de Salamanca, Javier Iglesias, entre otras autoridades.

La sesión concluyó con la interpretación del “Gaudeamus Igitur” a cargo del Coro Universitario.