Versión clásica

Las desconocidas Reinas de León (V): Urraca López de Haro (c.1160 – c.1230)

Reina consorte de León por su matrimonio con el rey Fernando II, después de enviudar

Fernando II de León (Museo del Prado)

Fernando II de León (Museo del Prado)

El 6 de febrero de 1180 había fallecido la segunda esposa de Fernando II de León, Teresa Fernández de Traba, y un par de años después encontramos en palacio una nueva dama con la que el rey mantiene una relación más que cercana; se trata de Urraca López de Haro, de una poderosa familia, como la anterior, que, en esta batalla de intereses, pretende situarse en lo más alto de la pirámide del Reino.

Esta nueva Urraca era hija del conde Lope Díaz I de Haro, IV señor de Vizcaya, llamado el Rubio o el de Nájera, y de su mujer Aldonza, de la familia de los Castro. Hay que recordar que los López de Haro mantenían una tradicional amistad y fidelidad hacia la corona leonesa, pues ya en los difíciles momentos de la reina Urraca I, don Lope Díaz se había distinguido en su defensa, como ocurriría más adelante con el Emperador Alfonso a quien don Lope entregó el señorío de Nájera, por lo que le fue concedido el título de conde, según se desprende de un documento de fecha 10 de octubre de 1134.

Urraca, como en el caso de su predecesora, había contraído ya un primer matrimonio con un noble leonés, Nuño Meléndez, hijo de la condesa doña María Froilaz y de Melendo Núñez. Este Nuño estaba muy introducido en la Corte y, como prueba de lo que manifestamos, su nombre aparece en la firma del Tratado de Sahagún de 1158, entre Fernando II y Sancho III. No entendemos, sin embargo, el adjetivo que le viene siendo aplicado a don Nuño (“magnate gallego”), cuando sus muchas propiedades se encuentran documentadas en tierras leonesas (Villayandre, Aleje, Monteagudo, Almanza, etc., además de otras varias en las riberas más fértiles de los ríos leoneses, y algunas casas en la propia ciudad de León) y, en algún caso, también en Asturias.

Este magnate leonés debió de fallecer hacia 1180 y, en 1182, según se conjetura, por mediación de un tío suyo llamado Fernando Rodríguez de Castro, apodado el Castellano, que ocupaba cargo importante en palacio, Urraca López de Haro entra en contacto con el soberano hasta el punto de ser considerada, a todos los efectos, su concubina. A partir de entonces su familia comienza a recibir diferentes donaciones y cargos por parte del soberano y así, García López de Haro es nombrado alférez real, cargo que ocupará hasta la muerte del rey, en 1188, y Diego, su hermano mayor y futuro heredero del Condado de Vizcaya, tendrá la responsabilidad de la tenencia de la Extremadura leonesa. A la propia Urraca Fernando le regala tierras en Villamor, Burón y Omaña. ​

De otro lado, una vez más se jugaba una partida entre los intereses de las grandes casas condales y, así como anteriormente durante el reinado de Teresa Fernández de Traba, habían sido estos y los Lara los evidentes ganadores, ahora, aunque por muy poco tiempo, se han asentado en el poder los Lope de Haro y los Castro.

Los intereses iban, ciertamente, mucho más lejos, puesto que desde un principio se vio la intención, tanto de la reina como de sus más firmes partidarios, de alejar de la Corte al primer hijo de Fernando, el príncipe Alfonso.

Para ello, en primer lugar, había que consolidar aquellas relaciones: el matrimonio con el rey, por lo que se puede conjeturar, en plena decadencia física y psíquica de Fernando. Se lleva a cabo en mayo de 1187 (le quedan apenas unos meses de vida), después de que ya habían venido al mundo dos infantes: García, fallecido a los pocos meses de vida, y Sancho, nacido en 1184 y a quien pretenden elevar al trono.

Para ello hay que intentar apartar de la urbe regia al heredero, Alfonso, hijo de Urraca de Portugal. Los métodos no pudieron ser más expeditivos; se ha llegado a especular, incluso, con un meticuloso y sistemático envenenamiento del entonces niño Alfonso que no alcanzaría sus fines debido a su alejamiento físico de la Corte. No conviene olvidar, a ese respecto, que, cuando Urraca López de Haro da a luz a su primer hijo, Alfonso cuenta con unos 11 años y, según nos cuenta Lucas de Tuy, a punto estuvo de perder la vista, lo que no habría acontecido por un milagro del Santo Isidoro, al haber lavado los ojos del heredero con un agua milagrosa que había brotado de entre las piedras del presbiterio de la Basílica y que los canónigos conservaban en una redoma. Podemos concluir, en buena lógica, dados los acontecimientos, que el alejamiento de Alfonso pudo contribuir, claramente, a salvar su vida.

El argumento de los partidarios de Sancho se basaba en que el matrimonio de Fernando II y Urraca de Portugal había sido declarado nulo y, por ello, el hijo habido del mismo no debía ser considerado legítimo. Sin embargo, los partidarios de Alfonso supieron jugar mejor sus cartas, porque además presumían una intromisión de los intereses de Castilla en el apoyo a Sancho; por lo mismo, se volcaron con la candidatura del heredero legítimo al que apoyaron sin fisuras a la muerte de su padre, incluyendo en esta actitud tanto a los Lara como a los Traba que mantenían estrecha relación con la Corte leonesa por el recuerdo que había dejado la reina Teresa Fernández de Traba.

Urraca López de Haro.

Urraca López de Haro. Sepulcro en Museo Retablo Burgos

Así, en 1189, la reina Urraca López de Haro se aleja de la Corte para refugiarse en Nájera, con sus parientes; perderá incluso algunas propiedades que le fueron adjudicadas como dote por Fernando II (previo pacto de los dos Alfonsos, el leonés y el castellano), y finalmente decidirá, como hemos constatado, en otras muchas ocasiones, encerrarse en un convento.

A pesar de todo, Urraca López de Haro continuará apareciendo en muchos documentos a lo largo de varios años y hasta su fallecimiento en 1230. Citemos algunos:

Julio de 1190, Alfonso I de Castilla (VIII) dona a Urraca una serie de villas: Vileña, la Vid de Bureva, Villaprovecho y montes en Piedralada.

Febrero de 1194, firma con su hijo Sancho Fernández y su hermano Diego López II de Haro, la cesión de los montes de Piedralada al cenobio de San Salvador de Oña. ​

1195, junto con sus hijos, María Núñez, habida de su primer matrimonio, y Sancho Fernández, confirma una donación de una heredad en Mahude.

1220 funda el monasterio de Santa María la Real de Vileña, según algunos historiadores afirman, a consecuencia de haber perdido a su hijo Sancho Fernández el cual, después de haber ocupado cargos de gran relevancia en el Reino de León, se expatrió y murió despedazado por un oso en una cacería cerca del castillo de Cañamero.

Abril de 1222, entrega todas sus propiedades de Vileña al monasterio de Las Huelgas de Burgos.

Mayo de 1224. Se trata de un documento del papa Honorio III dirigido a la reina Urraca y a las demás religiosas de Vileña a las que toma bajo su protección. Es el último en el que encontramos su nombre.

La reina Urraca falleció en 1230 y fue enterrada en un sepulcro de piedra que estuvo colocado en el presbiterio de la iglesia del viejo monasterio de Santa María la Real de Vileña, de su fundación. Posteriormente el sarcófago se trasladó a uno nuevo construido en 1970 y situado a la salida de Villarcayo, junto a la carretera de Medina de Pomar, donde se encuentran algunos otros sepulcros y una colección de pintura religiosa, amén de determinados restos del antiguo.

La vida de esta Reina y otras 29 mujeres más que forjaron este Reino de León puedes leerlas en el libro “Érase una vez, señorío de mujeres”

Textos: Hermenegildo López

 

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