El equipamiento se sitúa en la Nau F de la antigua fábrica Fabra i Coats, en el distrito de Sant Andreu, uno de los pocos conjuntos fabriles casi íntegros conservados en el tejido urbano de Barcelona. El nuevo espacio explica la evolución del trabajo en la Barcelona contemporánea, del siglo XIX hasta la fecha, por medio de dos exposiciones permanentes y una reserva patrimonial visible. El equipamiento refuerza el recinto Fabra i Coats como polo cultural de ciudad, en el marco de una estrategia de descentralización cultural y turística con el apoyo de fondos europeos Next Generation

Fotografía: Ajuntament de Barcelona
El recinto industrial de la Fabra i Coats acogió este jueves la presentación del nuevo equipamiento del Museo de Historia de Barcelona, a cargo del concejal de Cultura e Industrias Creatives, Xavier Marcé, y el director del Museo, Carles García Hermosilla.
El Museo de Historia de Barcelona abre así en el distrito de Sant Andreu un nuevo espacio dedicado a contar la historia y la memoria del trabajo en la Barcelona contemporánea. Impulsado por el Instituto de Cultura de Barcelona con financiación europea Next Generation, se ubica en la Nau F, una antigua nave de tinte de hilos, y se incorpora al proyecto del museo como pieza clave de un modelo de museo de ciudad construido a partir de sus espacios patrimoniales, donde el edificio, el relato histórico y las memorias de sus protagonistas forman un conjunto.
Xavier Marcé ha querido recordar la importancia del espacio que se recupera: «Este es un espacio de interpretación, recordatorio y referencia de lo que había sido esta fábrica, pero también habla de la incorporación de las personas al mundo del trabajo en Barcelona, con un 80% de mujeres en la fábrica, que es una de las victorias que se han hecho en una ciudad como esta». Y ha añadido: «El museo de historia de la ciudad debe contar la historia de los barrios, pero los barrios también cuentan la historia de la ciudad».
Con el nombre de Fabra i Coats. Museo de Historia de Barcelona, el proyecto amplía la red de diecisiete espacios del museo, que, con cronologías y temáticas diversas, ofrecen una mirada plural y de largo recorrido sobre la historia de la ciudad. Esta nueva sede permite desplegar una amplia interpretación del concepto de trabajo, entendido desde la diversidad de mundos que lo conforman, incorporando sensibilidades diferentes y reivindicando el reconocimiento histórico del papel de las mujeres y del trabajo de cuidados, central pero a menudo invisibilizado.
El discurso museístico se articula a partir de dos exposiciones permanentes, «Barcelona, ciudad y trabajo» y «La Fabra y Coats de Sant Andreu: empresa, trabajo y memoria», y de una reserva patrimonial (que no se puede visitar pero es visible de los espacios del conjunto museístico) vinculada al mundo del trabajo, formada a partir de las colecciones del Museo de las historias, de Museo y Historia. El conjunto permite seguir la evolución del trabajo en Barcelona desde el siglo XIX hasta el inicio del siglo XXI, en un contexto marcado por el paso de la ciudad industrial a la ciudad de servicios.
El recorrido ofrece una lectura transversal de la transformación de la economía barcelonesa, abordando los oficios, formas de trabajo, condiciones laborales, movimiento obrero y conflictos sociales que han configurado la ciudad. El relato pone un fuerte acento en las desigualdades del mundo laboral, especialmente las de género, y muestra cómo los derechos laborales actuales son fruto de las luchas de las generaciones precedentes. A través de testimonios materiales, orales y fotográficos, el museo conecta pasado y presente y sitúa el trabajo como elemento central para entender la vida cotidiana, las identidades colectivas y la historia social de Barcelona.
La exposición dedicada a la Fabra i Coats profundiza en la trayectoria de una de las empresas industriales más significativas de la ciudad y en su estrecha relación con el barrio de Sant Andreu. La fábrica no sólo marcó los ritmos laborales de las personas que trabajaban en ella, sino también la vida cotidiana y el carácter social del territorio, construyendo una identidad compartida que forma parte de la memoria colectiva de Barcelona.
La rehabilitación sostenible de la Nau F convierte el edificio en la primera pieza expositiva del museo, preservando los valores de la arquitectura industrial y haciendo valer los sistemas constructivos y materiales originales como elementos de memoria técnica y espacial. El nuevo espacio se ha hecho posible gracias a la investigación histórica rigurosa y al impulso de entidades como los Amigos y Amigas de la Fabra i Coats, entre otros, y se consolida como un lugar de historia y memoria construido con la participación activa de la ciudadanía.





